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....................…tan callando.
......................J. Manrique
Para que el tiempo anclara fue preciso
que la palabra se quisiera hazaña,
llanura empecinada en ser montaña,
rebeldía de un páramo insumiso.
Para vivir, romper un paraíso
y amanecer en estatura extraña;
vertical, racional, verdad… ¡Patraña
mendigando a la muerte su permiso!
Para que el tiempo fuera; para eso.
Tan sólo para eso. ¡Para nada!;
para soñar la vida bajo un beso
y un beso por detrás de una mirada.
La eternidad pasó sin hacer ruido:
antes de Dios fue Dios; luego, el olvido.
7 de agosto de 2009
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....................…tan callando.
......................J. Manrique
Para que el tiempo anclara fue preciso
que la palabra se quisiera hazaña,
llanura empecinada en ser montaña,
rebeldía de un páramo insumiso.
Para vivir, romper un paraíso
y amanecer en estatura extraña;
vertical, racional, verdad… ¡Patraña
mendigando a la muerte su permiso!
Para que el tiempo fuera; para eso.
Tan sólo para eso. ¡Para nada!;
para soñar la vida bajo un beso
y un beso por detrás de una mirada.
La eternidad pasó sin hacer ruido:
antes de Dios fue Dios; luego, el olvido.
7 de agosto de 2009
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"Para que el tiempo anclara", "para lograr que la vida no fuera sólo radiante metabolismo, sino secreto mensaje que espera un lector capaz de comprenderla".
ResponderEliminarEsta teoría de la evolución me ha llevado a aquella forma tuya de ver un desnudo humano, hace mil años, en un tiempo que se quedó encantado en aquella entrada.
Por eso “vino la palabra, que aprendió la lección de la belleza y a veces el capítulo de la verdad."
“La eternidad pasó sin hacer ruido” (uno de los mejores versos que te he leído) y posiblemente la última palabra será “olvido”. “Pero el cuerpo desnudo sigue ahí, esperando un lector que quizá nunca llegue…”
Tal vez sólo dejando el alma en las palabras, de alguna manera desnudándola, haya alguien capaz de recogerla y guardarla y las cosas no sean para nada.
Nunca para lo que nosotros quisimos, pero no para nada.
Patética manía del “happy end”, lo sé, aunque la razón y los poemas nos digan lo contrario. Perdón por la esperanza. La pura verdad es que estoy muy triste y tu poema es muy bonito.
Un beso.
Siempre me sorprendes (no sé cuántas veces lo habré dicho), Olga. Si yo hubiera sido algo en esto, te habría nombrado comentarista oficial de mis pequeñas palabras, hermeneuta de sus pobres filosofías, heraldo de sus insignificantes noblezas… ¡Qué capacidad! ¡Y qué memoria! Yo he tardado diez minutos en encontrar ese “Desnudo humano”, allá por abril de 2008, que tal vez sean “mil años”. Ni me acordaba. Pero es cierto el paralelismo “evolutivo”, y el desenlace, sin duda. Y es que uno sigue pensando lo mismo; lo que no sé es si se trata de una virtud o de un defecto.
ResponderEliminarGracias por tu lectura, siempre enriquecedora y siempre bella, formal y semánticamente.
Y, por supuesto, no hay que pedir perdón por la esperanza, sino por lo contrario. Así que soy yo quien tiene que hacerlo por ese odioso “para nada”.
Siento la tristeza de que hablas. De haberlo sabido, le habría pedido al “caballero” algunas seguidillas de simpatía para compensarte... Porque, desde luego, esta “teoría de la evolución” es bastante “antipática”.
Un beso, y muchas gracias otra vez.
Y después del soneto y del comentario de Olga ¿qué coño digo yo? Mejor me cayo y los releo varias veces.
ResponderEliminarUn abrazo
Desde luego, me leo las entradas;-) Escucho y recuerdo y todo eso y, aun así, se me "pasan" cosas. Fíjate lo que me ocurrió en mayo.
ResponderEliminarEn fin, se va mi hermana mañana, empiezo a trabajar el lunes, otra gente se marcha igual que vino, sin que yo sepa por qué: es como si se hubiese acabado un verano que continua absurdamente aunque yo me haya bebido el mío, y lo malo es que sigo con la misma sed;-)
Tu teoría no es antipática, leerte siempre me consuela, por extraño que te parezca. Mis finales felices cada vez tienen más de postura estética, no te creas.
Amigo Tato, cualquier palabra, dicha o no, que venga de ti siempre será bien querida y muy agradecida por esta imaginaria.
ResponderEliminarUn abrazo.
Ya sé que las lees, Olga, y muy bien leídas, de ahí mi gratitud.
ResponderEliminarEn cuanto al verano, yo ni siquiera me lo estoy bebiendo: me está pasando.
Otro beso mientras me bebo –esto sí–… otra cerveza.
Me quedo con tu poema y con un helado de vainilla.
ResponderEliminarLa evolución en septiembre...Me voy de vacaciones.
Disfrutad todos mucho.
Que seas muy feliz, Veridiana.
ResponderEliminarBesos.
Me recuerda: En el principio era el Verbo, ...
ResponderEliminarY nombrar a Jorge Manrique, uno de mis favoritos. Menuda entrada para leer en verano.
Un abrazo
Me ha gustado este soneto shakespeariano, aunque confieso no entender muy bien por qué lo has titulado "Teoría de la evolución"; ¿acaso porque habla de la evolución que sufre una persona a lo largo de su vida?; ¿acaso porque el flujo del tiempo es el presupuesto de la evolución?
ResponderEliminarSin embargo, las palabras resisten al tiempo, aunque la vida se pase "tan callando", como decía Jorge Manrique, y nuestras almas dormidas, a menudo, no lo recuerden.
Saludos cordiales.
Buen ojo, Capitán. De hecho, estuve dudando entre la cita de San Juan y la de Manrique. Si me incliné por ésta, fue porque me pareció más demoledoramente humana y más acorde con el sentido final del poema.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu lectura, y un abrazo.
Sea como individuo o como especie; sea como biografía o como Historia; sea como cultura o como civilización; o como arte que pretende interpretar, o como filosofía que cree saber, o como ciencia que está segura de entender…, lo cierto es que el hombre no es nada más que el depositario provisional de la palabra (o “logos”), de su esplendor rebelde y temporal para salir del anonimato de las piedras, que no saben del tiempo. Un esfuerzo absurdo, según la propia ciencia humana, porque está condenado al olvido. Esa es la “evolución”.
ResponderEliminarNo pretendo explicar el poema, amigo Ramiro; sólo el título (que es algo así como su presuntuosa intención) para aclarar tu comprensible duda. Lo que el soneto diga, si dice algo, es cosa del lector posible.
Muchas gracias por tus palabras, y un abrazo.
"La eternidad pasó sin hacer ruido" para que el tiempo anclara. y ahí seguimos: anclados, y con la mirada perdida.
ResponderEliminarSaludos
Así es, Gemma: “anclados, y con la mirada perdida”, porque desde que empezó esta aventura humana siempre hemos estado bastante denortados.
ResponderEliminarGracias por tu visita, y un saludo.
Me sumo al homenaje explícito al magnífico depositario provisional de la palabra que eres tú, capaz de amanecer en estatura extraña y rebelde enmedio de un pàramo insumiso.
ResponderEliminarMendigando a la muerte,dices, su permiso,a esa que viene siempre tan callando, y a la también silenciosa, que pasa sin hacer ruido: la eternidad.
Tus palabras ay, son más que palabras
no sé si las comprendo, soy testigo
de un vivir extrañando las miradas.
Soñando besos, en pos de un destino
que acorta mi vida, huyen las horas,
me sumiré muy pronto en el olvido
Gracias por el acicate de tus palabras, que me hacen ver siempre algo más allá de ellas.
Un abrazo.
Hola, Antonio. Se me ha comido un poquito la entraña tu poema. Precioso poema. "Contemplando cómo se pasa la vida, tan callando..."
ResponderEliminarEl pasado fue fugaz... y el futuro no sé... no sabe/no contesta y ni siquiera sé si quiero que responda... No quisiera saber si habrá olvido. Lo que anhelo es el silencio... tan distinto a la soledad.
De vez en cuando, contemplar la vida... callada y sin ruido. Silencio para el ocio creador de uno mismo... para poder nombrar con atributos el ser... y crecer. Esta es mi etapa. Transición con exceso de bullicio. Me llevo, con tu permiso, un pellizco de tu poema para mecerme en la calma...
Gracias como siempre, Antonio.
Un saludo dede Tarraco.
Esos “provisionales depositarios”, Montse, somos todos; y nuestra fugacísima palabra, la encrucijada del tiempo y la eternidad. La vida, no la nuestra, sino toda, es un “entre-paréntesis” de luz cuyo posible sentido últimamente menospreciamos, ignoramos u “olvidamos”. El poema quería ser irónico con esta voluntad de olvido que yo no entiendo.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu constante amabilidad.
Un cordial abrazo.
Quizá tengas razón, Sunsi; tal vez el destino de la palabra sea el silencio –ése que anhelas– y la contemplación; un “sin-palabras” final y gozoso. A lo mejor las palabras sólo son las zapatillas de esta caminata y, al cabo, lo que haya que hacer sea descalzarse.
ResponderEliminarComo siempre, Sunsi, te agradezco, y mucho, que dediques una parte de ese “oficio de pensar” tan tuyo a estas entradas mías.
Un saludo desde Coslada, y espero que ese “poquito de entraña” comida no haya sido doloroso.
No, no duele, Antonio... Es que ese tono de tus poemas siempre me atrapa. Es difícil no involucrarte. Muchas veces me pregunto... "¿Por qué esa melancolía?". Pero ya ves... es una pregunta lanzada al viento. No epero respuesta. Faltaría...
ResponderEliminarUn afectuoso saludo.
Me alegro de que no duela, Sunsi.
ResponderEliminarEn cuanto a la presunta melancolía, repito lo que el otro día dije refiriéndome a la tristeza, esta vez recordando aquella sentencia de Manolete a quien en cierta ocasión le preguntaron que por qué nunca reía en el ruedo; a lo que él respondió, con profesional elegancia: “porque torear es una cosa muy seria”. Y eso es lo que a mí me pasa, que lidiar la vida me parece “una cosa muy seria” y se me va el “gesto espeso” cada vez que hablo de ella o sobre ella escribo.
No sé si vale como respuesta.
Un saludo cordial (de un corazón “serio”, naturalmente).
Me ha gustado mucho lo de "la eternidad pasó sin hacer ruido" y todo el poema, la verdad.
ResponderEliminarMe pasa con tus poemas que a pesar de que los leo desde un optimismo idiota mío ese que tengo, oye, que me encantan: es como si me ponen en (la) tierra pero suavemente, sin la pose esa del desencanto o de la desesperanza. Eres triste pero de verdad, o sea que no lo eres, no sé si me explico.
Un abrazo y dos besos, hala
Aurora
Pues, me encanta que te encanten, Aurora, y eso de poner “en (la) tierra pero suavemente”. Sólo me falta conseguirlo de modo más amable, para borrar la injusta calificación que haces de tu “optimismo”.
ResponderEliminarMuchas gracias y “tres” besos, que no voy a ser menos.
"Para que el tiempo anclara fue preciso
ResponderEliminarque la palabra se quisiera hazaña,
(...)
La eternidad pasó sin hacer ruido:
antes de Dios fue Dios; luego, el olvido.
Anclarse a la palabra, encontrar la palabra perdida. Palabra que sea guía, eco, portadora de experiencia, palabra irreductible, palabra convertida en hazaña. Es hermoso.
Y al final el olvido...
... y sin embargo, volverá a nacer. La verdad siempre es capaz de renacer, en palabras venideras, en palabras que los que nos siguen serán capaces de encontrar. La verdad es capaz de renacer tantas veces como sea necesitada. Y ante el olvido de lo que un día nació... volverá a surgir de nuevo la palabra perdida, y en ella la verdad, que caerá de nuevo en el olvido. Hasta volver a ser necesitada.
La eternidad siempre pasa y se posa sin hacer ruido. Tan calladamente. Y tan evidente a veces, a pesar de su silencio.
Como siempre, es un lujo leer tus palabras.
Saludos.
El lujo es recibir las tuyas, Ana, que además son todo un alegato a favor de la verdad; la “de verdad”, quiero decir, la que, como apuntas, siempre renace porque la necesitamos. Pero debemos tener mucho cuidado con nosotros porque, igual que somos capaces de inventar necesidades innecesarias, también lo somos de demoler y arruinar las que nos dan sentido.
ResponderEliminarMuchas gracias, y un saludo.
Bello y terso. Gracias por este soneto.
ResponderEliminarSaludos...
Gracias a ti, Ángel, y perdona tanto retraso en acoger tu comentario: he estado fuera unos días.
ResponderEliminarUn saludo.