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Dejémonos del tiempo... Dejémonos de todo:
la vieja mecedora del hastío,
la luz de la mesilla como un faro
sobre la mar rizada de las sábanas,
los cuerpos enredados
entre besos, tristezas y naufragios…
Dejémonos del tiempo que está casi cumplido,
que no quiso esparcir
ni glorias ni grandeza,
que fue humilde y vulgar,
que anduvo entre relojes cotidianos
señalando las horas obligadas, previstas...
Y volvamos los ojos
a la ciudad que nunca visitamos,
a esa ciudad que sólo fue proyecto
y horizonte de un día de entusiasmo,
puerto de promisión en las costas de un sueño
que inventaba su crónica y su hazaña…
Dejémonos del tiempo, que al cabo desembarca
en la isla final que no quisimos.
Septiembre 2002
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Dejémonos del tiempo... Dejémonos de todo:
la vieja mecedora del hastío,
la luz de la mesilla como un faro
sobre la mar rizada de las sábanas,
los cuerpos enredados
entre besos, tristezas y naufragios…
Dejémonos del tiempo que está casi cumplido,
que no quiso esparcir
ni glorias ni grandeza,
que fue humilde y vulgar,
que anduvo entre relojes cotidianos
señalando las horas obligadas, previstas...
Y volvamos los ojos
a la ciudad que nunca visitamos,
a esa ciudad que sólo fue proyecto
y horizonte de un día de entusiasmo,
puerto de promisión en las costas de un sueño
que inventaba su crónica y su hazaña…
Dejémonos del tiempo, que al cabo desembarca
en la isla final que no quisimos.
Septiembre 2002
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Las noches de agosto invitan a dejarse. Tanto nadar contra corriente para qué, si tal vez la luz de la mesilla sea el único faro que veremos, sí.
ResponderEliminarPero a ti siempre te he visto por encima del tiempo, y a tu amigo el caballero, mucho más (por cierto, ¿por dónde anda ese hombre?;-)
Un beso.
¿“Por encima del tiempo”...? Yo no sé ‘volar tan alto’, Olga; es más, ni siquiera sé volar.
ResponderEliminarEn cuanto al caballero, ¡Dios sabe por dónde andará!
…Y ya sabes tú lo poquito que yo “me escribo" con nadie.
Gracias siempre y un beso.