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Ocurre cuando otoño se olvida de tonterías y se acepta sin más, cuando deja de coquetear con lo que ya no puede ser y se decide a sí mismo, a la arrogancia melancólica de sí mismo, a los fríos improvisados, a las primeras lluvias.
Ocurre una tarde cualquiera de temprano octubre si es un otoño serio y como Dios manda, o de octubre tardío –de octubre casi noviembre– si es un otoño-viejo-verde y galanteador, un otoño de ésos que tanto pasan últimamente porque, como todo, quiere alargar su verano más allá de lo posible.
Ocurre de repente. Miramos a través de la ventana, y el día está en silencio. Llueve, y la luz no suena. Y el sol, el último sol del último verano, se hace nudo en la garganta del paisaje.
Ocurre sin querer –quiero decir, sin que nosotros queramos– a lo largo de siempre. Miramos a través del alma, y el mundo está en silencio; y nosotros estamos en silencio… Y el sol, el último sol de la última hazaña inviable, se hace nudo en la garganta de la vida.
Porque sabemos, como el otoño sabe, que la siguiente primavera es empresa que ya no nos concierne.
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Ocurre una tarde cualquiera de temprano octubre si es un otoño serio y como Dios manda, o de octubre tardío –de octubre casi noviembre– si es un otoño-viejo-verde y galanteador, un otoño de ésos que tanto pasan últimamente porque, como todo, quiere alargar su verano más allá de lo posible.
Ocurre de repente. Miramos a través de la ventana, y el día está en silencio. Llueve, y la luz no suena. Y el sol, el último sol del último verano, se hace nudo en la garganta del paisaje.
Ocurre sin querer –quiero decir, sin que nosotros queramos– a lo largo de siempre. Miramos a través del alma, y el mundo está en silencio; y nosotros estamos en silencio… Y el sol, el último sol de la última hazaña inviable, se hace nudo en la garganta de la vida.
Porque sabemos, como el otoño sabe, que la siguiente primavera es empresa que ya no nos concierne.
Ay, que triste, Antonio, de repente me ha entrado una tristeza de esas pegajosas porque "el último sol del último verano" se ha ido y se me ha hecho a mi un nudo en la garganta.
ResponderEliminarPreciosa manera de decirlo, tan preciosa que lo he sentido.
Un beso triste.
Doña Anónima
Pues siento que lo hayas sentido, Doña Anónima. No era mi intención, naturalmente. Tampoco hay que hacerme mucho caso: los perros viejos ladramos siempre de una forma que asusta o entristece, pero no pasamos de eso. Vivir tiene poco que ver con esos ladridos.
ResponderEliminarUn beso de los otros, de los que viven.
El tiempo,la repetición y la presencia.
ResponderEliminarUn beso en permanente progreso.
¡Qué sentenciosa os habéis vuelto, mi temida Circe!
ResponderEliminarGracias por tu visita y un beso.