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Reflexiones sobre la caverna


No creo que ya importe mucho. Repetirme, quiero decir. Después de todo, el autoplagio está hundido aquí a la izquierda, a siete años de profundidad. Un submundo también, al que he bajado desde submundos que se creyeron superiores para llevar noticias desastrosas. A pesar de Platón, no hay forma de escapar de la caverna, sólo podemos subir a otras cavernas de cadenas más brillantes, pero el mismo olor a mierda; mejor dicho, a otra mierda de exponencial acumulación.




Todo el mundo tiene sus fobias. Entre las mías, el mal olor ocupa un lugar destacado. Tal vez esto diga poco de mi racionalidad y mucho de la animalidad que la sostiene; aunque, visto lo visto y de lo que es capaz aquélla, no creo que tal minucia deba preocuparme.

Sea como fuere, lo cierto es que me pone mal cuerpo hablar sobre (y desde) la caverna, porque en la caverna hay una oligarquía de esclavos con cadenas relucientes que se cagan en las herrumbrosas cadenas de todos los demás. Esto agrava la situación aquí abajo pues, al hecho de vivir entre sombras y mentiras, tenemos que sumar el insufrible olor de la descomposición dominante.

La verdad es que da asco la caverna. Algo de esto suponíamos ya desde que un fugitivo escribió sobre nosotros un cuento de penumbras subterráneas y exteriores claridades… De días con sol y noches de luna. Pero aquel prófugo de la oscuridad, que tuvo el arrojo de un regreso sin aplauso, no habló de nuestro olor, no aclaró que, además de padecer el entierro en la ignorancia, teníamos que sufrir  el hedor de su desecho, teníamos que yacer bajo la inmundicia de sus actos por soportar el indecente brillo de sus cadenas.

Aunque el olor, este olor permanente a alcantarilla y vómito, empiezo a pensar que no es cosa de la caverna, sino asunto de sus subterráneos… Vamos, de otra caverna excavada en la caverna… De un submundo del submundo. Ése, tan esclavizado, en el que sus prófugos ni siquiera pretenden los días con sol y las noches de luna porque ya sólo aspiran a otra caverna un poco más allá de la suya.

Un exterior, tan interior, que huele igual de mal, pero goza de cadenas un poco más brillantes. 


Comentarios

  1. Brillante la entrada ni que la hubieras pulido

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  2. Jajajaja… Será por las cadenas!
    Lo cierto es que la entrada, como digo en su introducción, es bastante anterior, de abril de 2014. se puede leer en el árbol de la izquierda. Sólo cambié dos o tres palabras.
    Muchas gracias por tu visita.

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