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El silencio de las madreselvas

 



De joven paseaba por placer; de viejo, por prescripción facultativa. De joven me acompañaban los sueños y sus mentiras; de viejo, las mentiras en que acaban todas las verdades. Porque la vida es así: el cuento de una grandeza que te cierra los ojos un desencanto.

Paseaba esta mañana --por prescripción facultativa naturalmente-- sin compañía de sueños ni de mentiras o verdades. Paseaba regalando los ojos con cosas sin importancia, que es como se pasea cuando nos damos cuenta de la cercana caducidad de nuestra mirada. Y pensaba en las cosas sin ella. Un empeño kantiano, naturalmente, porque el mundo sin nuestras almas sólo es posible pensarlo. Tal vez con melancolía; tal vez con nostalgia. Presumir el mundo después de nuestro último viaje, del viaje definitivo… Y entonces me acordé de Juan Ramón:

… Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará nostáljico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

Cuando volví a casa, recuperé una tarea pendiente que había dejado en el ordenador. Nada importante, por supuesto. Simplemente tenía que comprobar si había alguna incorrección en la copia de seguridad de los datos que hiciera la noche anterior. Y, por un raro azar --lo cierto es que todos los azares son raros porque si no lo fueran, nadie los consideraría azares--, hete aquí que me saltó, entre las azarosas comprobaciones, un poema que escribí bajo cita del Juan Ramón que horas antes me había acompañado:



*

Me han dejado de hablar las madreselvas.
Los vencejos, apenas si los oigo.
Quedamos, viejo amigo, como siempre,
indagando silencios, simetrías,
soledades de azogue que repiten
perfiles de derrotas, sombras vanas;
ecos de aquel rincón donde la vida
se quiso más que nunca vida, más
que nunca eternidad; de aquel prefacio
de sueños sin frontera, territorio
y alambique de aromas, primavera
sin agosto final, sin tanto olvido…

Me han dejado de hablar las madreselvas.
Y la tarde y la noche... Y la mañana.

Y apenas puedo oír a los vencejos
que se baten de amor, a tanta altura.

15 de julio de 2009




*Madreselva (tango), Carlos Gardel

Comentarios

  1. ,,Es importante el primer amor, tanto como se dice. ?
    Cuando el camino se ha hecho largo y estrecho, difícil de transitar , volviendo la vista atrás. Qué pena se ha quedado que vuelve en una canción?
    Un beso

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