Fue un soneto en las últimas entradas (febrero de 2008) de aquel entrañable blog que fue para mí “Al atardecer”. La alerta en la oscuridad, la vigilia del alma durante el sueño de todas las almas, se acabó convirtiendo en el también título y empeño de este segundo blog.
Una imaginaria, en la acepción militar del término, es, según razón de la RAE, la “vigilancia que se hace por turno durante la noche en cada dormitorio colectivo”. Es un servicio sin armas, casi paternal, que atiende las inquietudes y quebrantos de los durmientes. Ese modesto servicio fue el que pretendió ejercer el soldado raso de mi alma en la noche de todas las demás. Digamos, parafraseando a Nietzsche, que este blog nació queriendo ser “para todos” y, al cabo de diecisiete años, murió siendo “para nadie” (o casi nadie, para ser plenamente justos). Es ley de vida que ni discuto ni lamento, entre otras cosas porque con los años se aprende que la realidad es efectivamente real.
Quiero, no obstante, acabar con el mismo soneto (no exactamente “el mismo” porque tiene algunas variaciones) que empeñó mi palabra en la amable voluntad de aquélla pretenciosa tarea.
Entre una y otra oscuridad, la vida:
un quehacer sin amparo, a trompicones
con dos o tres falacias, o ilusiones
que nos ponen de pie en cada caída.
Y otra vez a empezar la desvalida
pasión de seguir vivo, entre razones
que no son, o son sueños, o ficciones
que nos vendan el alma malherida.
Qué tiempo todavía, qué entretanto
consentirá la sombra a la mirada;
qué oscuridad aún a estos anteojos.
Cuánto habrá que esperar hasta que el llanto
de la noche se aburra de la nada
y la nada se aburra de mis ojos.
19 marzo 2025 corrección
Precioso soneto, Antonio. Aunque yo creo que está empañado de nostalgia y alguna pizca de tristeza. Es un pasado al que todos en algún momento nos seduce volver, sin embargo cubrió una preciosa etapa, estoy segura, la" imaginaria " otra diferente y ahora sería estupendo completar con una trilogía, siendo más sabio.
ResponderEliminarNos encantaría que así fuera.
Un beso
Gracias, Susi, en esta ocasión tras tu también leal anonimato. No me veo ya con ánimo para triadas. La voluntad es el viaje de la vida hacia el yo que acabamos siendo y, cuando este “siendo” se va acercando a su “haber sido”, la voluntad lógicamente desfallece. Además, el mundo se ha vuelto muy raro; o quizá sea yo un raro ocupante del mundo.
EliminarUn beso
Pero mira que soy manazas!!!!! Ya te dije que no hacía más que pelearme con el ordenador últimamente.
ResponderEliminarPor nada del mundo en una despedida así querría que pensaras que me despedirla desde el anonimato.
Lo siento.
Un beso
Nada que sentir. Nunca fue anónimo; todo lo más, seudónimo.
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