Ir al contenido principal

La última palabra



La última palabra,
la hazaña sin después que ocupará mis labios.
El último acercarse
del alma a su intención de rara eternidad.
El último refugio
para acoger la vida que aún resista,
cercada y solitaria como nunca lo estuvo...

¡La vanidad de un signo que se creyó pensamiento!

Y aleccionar al día con su noche inminente:
su larga oscuridad sin alborada,
sus ojos sin estrellas ni misterio,
sus besos sin noticia de la carne...

Cuanto he sido, de pronto, entre mis labios
mendigando una argolla donde colgar su tiempo.

Y la ciudad, detrás de las ventanas...
Y el ruido de las cosas con sus nombres...
Y el trajín de la vida por las calles...

De pronto, cuanto he sido
no tendrá más hogar que una palabra.



Julio 2015

Comentarios

  1. Precioso poema.
    "¡ la vanidad de un signo que se creyó pensamiento! " Una vanidad merecida por otro lado, pues, sin ellas el hombre no se hubiera convertido en alguien capaz de modificar su mundo.
    La primera palabra que decimos encierra amor y ternura; ¿cuál será la última de cada uno? ¿Qué palabra, después de haber desarrollado todo un lenguaje, un conocimiento y un pensamiento será la que cada uno escoja?
    Lo dicho. Precioso tu poema, como no era de extrañar.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  2. Como siempre, Susi, muchas gracias por tu amable lectura.

    Yo no sé si la palabra se merece la vanidad del pensamiento, lo que a veces sí creo saber es que la vanidad del hombre no se merece la palabra.

    Gracias de nuevo y un beso

    ResponderEliminar
  3. Hacía tiempo que no pasaba por aquí, y bien que lo siento, es una delicia, como siempre

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias, Capitán. Hoy ha sido un día de especial tristeza para mí, el último, también el "último", de los muchos que Dios concedió a mi padre.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Que la última palabra sea siempre de amor y esperanza.
    Un fuerte abrazo

    ResponderEliminar
  6. Sin duda lo será.
    Un abrazo con la misma fuerza.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

La metáfora amable

El mundo está tenso, enrarecido. Casi todo lo que uno oye o lee es desagradable; y si no lo es, parece contener un inquietante presagio. A los felices veinte del pasado siglo les sucedieron los amargos treinta y los trágicos cuarenta. Latía extraño el hombre, y cuando el hombre late de ese modo, algo podrido cocina la historia. Cientos, miles de veces ha ocurrido así. Para Sísifo –siempre Sísifo–, al final del esfuerzo sólo está la derrota. Su modesto placer de coronar la cumbre es efímero y repetidamente inútil. No hay paz ni paraíso al cabo de la escalada; sólo desolación, tristeza, crueldad, destino… ¿Existe el destino? ¿Debe ocurrir siempre lo que siempre ha ocurrido? ¿Es de verdad la historia la brillante sustitución de la fatalidad natural por la libertad humana o es simplemente la metáfora amable de la ‘ordenada’ crueldad de aquélla? Las especies combaten, y se destruyen y sustituyen. ¿Y las culturas? ¿Y los pueblos del hombre?... ¿Qué de especial creímos ver en los h...

La tristeza de la inocencia

Por Julia y a su hijo Julio Me han llegado noticias tristes por ese golpe tan temido de los teléfonos, repentinos y traidores como es su costumbre. Un familiar lejano, una mujer, mayor desde luego, aunque eso... ¿qué importa? …Y  he pensado en uno de sus hijos; un niño detenido por la vida, varado en una luz de infantil inteligencia que oscureció la caprichosa divagación de un cromosoma y nació bendecido de inocencia interminable. He pensado en ese niño, que ha cumplido ya los años de los hombres, aunque no sus soberbias ni vanidades... Y he pensado en la tristeza y el abandono, un abandono en su caso más cruel por la distancia inmensa de los otros. He pensado en el desconcierto de su ternura mirándose al espejo; y en el estupor de su niña memoria ante el beso sin labios de su madre. Un río de pequeños recuerdos; tal vez, algunas lágrimas; un no saber, un  sí sufrir la soledad repentina, inexplicable...Y el dolor de su alma en carne viva golpeándose desco...

Napoleón y el ruido

. Lo he oído de dos formas sutilmente diferentes: la música es el más bello de los ruidos, pero ruido al fin ; y, la música es el menos molesto de los ruidos … Se parecen, desde luego, pero la primera afirmación suena más física y la segunda más militar , más napoleónicamente militar . Es probable, no obstante, que el tímpano de Napoleón, acostumbrado al eco grave y sordo de la pólvora negra, estableciera tan duro contraste entre el ruido y la música con intención que se nos escapa: tal vez pretendía dignificar a aquél, antes que menospreciar a ésta. Si así fuera, yo aplaudiría la frase porque la pólvora negra estalla con la cadencia subterránea y profunda de una tragedia griega. La otra, sin embargo, la que llaman sin humo –la de nuestros días– revienta los oídos como una telenovela hortera de media tarde. Naturalmente, esto es una apreciación muy personal. Lo que es evidente es que hay vibraciones de las moléculas del aire que incomodan – ruidos – y otras que no – música –. Las prime...