Ir al contenido principal

¿Campaña electoral...?


En una de esas encuestas que tanto gustan a la prensa "online", leía hace un par de horas esta prescindible pregunta "¿debería suprimirse la campaña electoral para el 26 J?"... Y me ha salido, casi sin querer, aquella copla del más oficial de los Machado:

En preguntar lo que sabes
el tiempo no has de perder...
Y a preguntas sin respuesta,
¿quién te podrá responder?

Porque, me digo yo, ¿todavía resta alguien en este país de intención tan masoquista?, ¿es posible que exista algún sistema nervioso capaz de resistir tan patético espectáculo?, ¿quién hay que pueda esgrimir una sola palabra ilusionante que en las noches y días de los últimos meses ­–o años– no hayan puesto del revés los sofismas de su bocaza?

La única campaña admisible que, según yo, deberían hacer los miembros y "miembras" de todos los partidos, se resumiría en un escueto mensaje: "Ciudadanos (y ciudadanas, naturalmente), el 26 de junio tenéis que votar ("votarnos" ya sería excesivo). Perdón por las molestias". Luego se retirarían compungidos a un convento religioso o laico, ­que haberlos débelos haber pues comuniones y bautizos con tal condición se han dado.

Sería más honrado... Y más barato.

Comentarios

  1. "Ni más honrado ni más barato".Aquí no hay honradez que valga, Antonio. Si la hubiera habido no estaríamos en la situación en la que actualmente estamos.
    Estafados,timados, desencantados y asqueados.
    No merecen comentario alguno.
    Así que te dejo con el deseo de que vengan tiempos mejores.
    Un beso

    ResponderEliminar
  2. Muy difícil lo pones, Susi: no veo dónde ni en qué puede alentarse un deseo como ése.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

La metáfora amable

El mundo está tenso, enrarecido. Casi todo lo que uno oye o lee es desagradable; y si no lo es, parece contener un inquietante presagio. A los felices veinte del pasado siglo les sucedieron los amargos treinta y los trágicos cuarenta. Latía extraño el hombre, y cuando el hombre late de ese modo, algo podrido cocina la historia. Cientos, miles de veces ha ocurrido así. Para Sísifo –siempre Sísifo–, al final del esfuerzo sólo está la derrota. Su modesto placer de coronar la cumbre es efímero y repetidamente inútil. No hay paz ni paraíso al cabo de la escalada; sólo desolación, tristeza, crueldad, destino… ¿Existe el destino? ¿Debe ocurrir siempre lo que siempre ha ocurrido? ¿Es de verdad la historia la brillante sustitución de la fatalidad natural por la libertad humana o es simplemente la metáfora amable de la ‘ordenada’ crueldad de aquélla? Las especies combaten, y se destruyen y sustituyen. ¿Y las culturas? ¿Y los pueblos del hombre?... ¿Qué de especial creímos ver en los h...

La tristeza de la inocencia

Por Julia y a su hijo Julio Me han llegado noticias tristes por ese golpe tan temido de los teléfonos, repentinos y traidores como es su costumbre. Un familiar lejano, una mujer, mayor desde luego, aunque eso... ¿qué importa? …Y  he pensado en uno de sus hijos; un niño detenido por la vida, varado en una luz de infantil inteligencia que oscureció la caprichosa divagación de un cromosoma y nació bendecido de inocencia interminable. He pensado en ese niño, que ha cumplido ya los años de los hombres, aunque no sus soberbias ni vanidades... Y he pensado en la tristeza y el abandono, un abandono en su caso más cruel por la distancia inmensa de los otros. He pensado en el desconcierto de su ternura mirándose al espejo; y en el estupor de su niña memoria ante el beso sin labios de su madre. Un río de pequeños recuerdos; tal vez, algunas lágrimas; un no saber, un  sí sufrir la soledad repentina, inexplicable...Y el dolor de su alma en carne viva golpeándose desco...

Napoleón y el ruido

. Lo he oído de dos formas sutilmente diferentes: la música es el más bello de los ruidos, pero ruido al fin ; y, la música es el menos molesto de los ruidos … Se parecen, desde luego, pero la primera afirmación suena más física y la segunda más militar , más napoleónicamente militar . Es probable, no obstante, que el tímpano de Napoleón, acostumbrado al eco grave y sordo de la pólvora negra, estableciera tan duro contraste entre el ruido y la música con intención que se nos escapa: tal vez pretendía dignificar a aquél, antes que menospreciar a ésta. Si así fuera, yo aplaudiría la frase porque la pólvora negra estalla con la cadencia subterránea y profunda de una tragedia griega. La otra, sin embargo, la que llaman sin humo –la de nuestros días– revienta los oídos como una telenovela hortera de media tarde. Naturalmente, esto es una apreciación muy personal. Lo que es evidente es que hay vibraciones de las moléculas del aire que incomodan – ruidos – y otras que no – música –. Las prime...