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Entradas

Vacíos imposibles de llenar

  Podría desempolvar algunos agujeros negros, esas orfandades de luz que nos dejan en la vida tristezas de difícil desmemoria. O quizá fuera más claro imaginar a un hacendoso artesano en la labor de completar un mosaico sin disponer del número adecuado de teselas. Pero prefiero el insomnio del poeta, su tardo deambular por una alcoba, el combate del verbo y el deseo, la soledad cronometrada de los versos, el casi no ser de los demás… Prefiero al poeta por la evidencia de su tarea. Imaginad que debéis escribir un soneto. Ahí tenéis las reglas –la moral de la estrofa–, el papel, la pluma y las palabras, todas las palabras. Con esta salvedad, en lo demás sois libres, enteramente libres. Podéis hablar de lo divino y no divino, de lo humano y no humano, de lo vulgar y lo hermoso. Podéis variar acentos, acelerar o detener el ritmo, encabalgar, jugar con los epítetos, coquetear con las metáforas… Pero, a veces, llega el punto del silencio: la palabra debida no aparece. Puede que ni siquie...

Cuestión de "heterocronía"

  Uno puede vivir entre los otros con una normalidad “de libro”: hablar y sonreír; entusiasmarse; entristecerse a veces; vestir como se viste, sin llegar a la extravagancia, y tener “sus rarezas” como todo el mundo. Uno puede parecer estar entre los otros con impecable ortodoxia y, sin embargo, saber de sí que es una bestia extraña, un animal distinto; no por nada genial que lo engrandezca ni por nada est úpido que lo anule, sino por ser ramaje de otro árbol. La mayoría de la gente nace cuando debe. H ay otros que se encuentran en un lugar o en un tiempo indebidos. Les falla lo que Ortega diría que es la circunstancia , el parámetro histórico o geográfico en que ocurren, en que se encuentran de pronto. No se sienten mejores ni peores, ni injustamente tratados ni indebidamente reconocidos (quienes dicen tales cosas suelen estar donde debieran). E llos sólo descubren que su brújula indica un norte diferente; que no tienen que ver con lo que ven a diario, que se han pasado de histor...

Los libros y nosotros

  Una pequeña reflexi ón que   duerme en los pozos de este blog desde  un día como hoy hace catorce años. Acerca de nosotros saben más los libros que hemos leído que todas las soledades que nos hemos contado. Con el tiempo, los libros nos arruinan los ojos… Y se enteran, con el tiempo, de nuestras almas. Son pequeños cofres para guardar la vida y proteger nuestras humanas y modestas verdades, que no tienen que ver, exactamente, con lo que luego hacemos y después nos pasa. La alcancía de la memoria auténtica está llena de dioses que cosechamos en palabras ajenas. La grandeza de un libro está en la mirada suya, que nos conoce, que sabe de nosotros tanto que sólo nos lo puede contar a nosotros. Abrir un libro nuevo es voluntad de alzarse; abrir un libro añejo, ya leído, es deseo de saberse. Por eso, con los años, uno tiende a releer con más frecuencia viejos libros; porque entonces, cuando todo está ya casi hecho, sólo queremos saber si estuvo bien el tiempo, si mereció la p...

Cambios, cambios...

  Ayer hizo en Madrid un día radiante: azul cobalto en el cielo y sol de luz insolente en los jardines. Ayer, domingo de este abril contestatario que anda incumpliendo la disciplina de los refranes. Y no hay derecho, no señor. Son malos tiempos para mi vieja lengua y su ancestral sabiduría. Por si fuera poco el maltrato al que someten indoctos ministerios a la primera, ahora vienen climas resentidos a patear los decires de la segunda. Nada de abril aguas mil, nada de niños y niñas... Abril me niega la lluvia que tanto amo y unas cuantas criaturas de precaria competencia me llenan voz y bolígrafo de signos extraños y analfabeta sem ántica . No sé, aunque sí supongo, si la sequía tendrá o no que ver con el cambio climático, pero estoy seguro, completamente seguro, de que los eriales del pensamiento, de la libertad y de la crítica se están cociendo en las estupideces del cambio lingüístico. Es mentira (tanto como su autoría proclamada) la afirmación esa que asegura que lo que no se no...

Gramática de tu ausencia

A Charo convaleciente La casa no tiene nombres que se merezcan acentos; ni adjetivos los jardines en flor de un raro silencio. Al día le faltan rosas; a su circunstancia, adverbios; a los crepúsculos, tildes... ¡Al amanecer, tu verbo! Y a las calles empedradas de este maldito tormento que es pasearlas sin ti, les sobra estar en el tiempo. 4 abril de 2023

Vivir en marzo

  Se trata de un recuerdo grato. Todos tenemos rendijas en el tiempo donde guardamos nuestras modestas felicidades. Quizá cuando fueron no las apreciamos lo suficiente; esto ya lo sabía Jorge Manrique. Los momentos amables son como las estrellas: su belleza está en su distancia; de cerca son a veces hostiles.  La amabilidad de esta entrada, que he querido recuperar antes de que acabe marzo,  está en su vital optimismo (estado emocional al que no soy muy dado) y en el generoso acompañamiento de unos espléndidos  comentaristas, para mí de entrañable memoria. Para compartirla conmigo basta clicar en la imagen.

Soleares en blanco y negro

  Hay asuntos que suceden al fondo de los cajones envejecidos de ayeres; donde es verdad la mentira que no quisimos saber y nos destrozó la vida, y mentira la verdad que no supimos querer para que fuese real. No hay nada que duela tanto como mirarle la espalda al ayer que traicionamos; y encontrarnos cara a cara con un no sé qué maldito que es el cáncer de las almas. Sombras sin dios ni razón que devoran la memoria y arruinan el corazón. Testigos en blanco y negro de siempres que no se cumplen, de nuncas que acaban siendo. No hay nada que duela tanto como esas fotografías que no quieren perdonarnos. 15 marzo 2023

Amar la vida

  Es un texto viejo (marzo de 2007 “Al atardecer”) que recupero hoy gracias a un gorri ón que me ha mirado un instante de eternidad esta mañana al salir de casa. Estoy viendo a través de mi ventana un chopo, ayuno aún de primaveras, desde una de cuyas ramas a su vez me observa un gorrión no sin cierta indiferencia. Entre el chopo, él y yo estamos construyendo un momento único, de nula trascendencia por supuesto, pero único. No volverá a repetirse nunca una luz como esta luz, agónica en el poco día que le queda, ni un pájaro así en el punto preciso de esa rama en que ahora lo veo, ni este yo taciturno y tardeado a quien mira él con displicencia. Estamos los tres ya reunidos para un fotograma excelente en su temporal soledad (lo único siempre es lo solo); un fotograma de nuestras vidas, hoy excepcionalmente coincidentes. La única diferencia entre nosotros es que este intervalo en mí se hace conciencia, en mí se vuelve palabra. Decía Ortega, nuestro Ortega, que cada hombre tiene una m...

El sueño y la moraleja

  Me ha ocurrido en otras ocasiones, pero la última ha sido la más didáctica. Y la más dolorosa también. Desde que pasé a la vía muerta de los jubilados, he soñado no pocas veces que volvía a visitar los andenes de las aulas. Los sueños de la nostalgia tienen siempre un punto de masoquismo hedonista que nos hace creer felices con lo que ya hemos perdido. Pero el de la otra noche fue peor incluso, porque no era un sueño de la nostalgia simple, sino un sueño de la nostalgia con moraleja. Y es que éstos resultan bastante antipáticos, porque las moralejas de las melancolías oníricas se dirigen siempre a las vigilias de la realidad. Es decir, las entendemos cuando despertamos. Y la sombra de su aprendizaje ya no podemos olvidarla. La otra noche, fría como corresponde a los meses que nos tocan, puso sin embargo el escenario de mi sueño en una tibia mañana de septiembre:   Principio de curso. Yo recorro los pasillos de mi antiguo instituto -que no se parece en absoluto a mi inst...

Los males del Conde Lozano

Tenía yo muy pobre edad cuando vi la película El Cid . Fue en un cine de barrio, el Marvi, que estaba en la calle Cartagena de Madrid y que, naturalmente, hace ya mucho tiempo que no existe. Ni que decir tiene que salí feliz y emocionado, que es como se solía salir de todos los patios de butacas en que la realidad se hacía grandeza a veces, y siempre maravilla. Por entonces ya había leído yo en el cole algunos romances sobre don Rodrigo, como el de la Jura de Santa Gadea por ejemplo, y me entusiasmó ver a un decidido Charlton Heston reproduciendo su asunto en el enorme rectángulo de los prodigios. Sin embargo, no conocía yo a ún a Guillén de Castro, de lo contrario, hubiera sentido similar entusiasmo en otros fotogramas, porque Las mocedades del Cid , sin duda, fueron fuente de fecunda información para los guionistas. Hay una escena en esta obra que recoge la arrogante palabrería del Conde Lozano -padre de doña Jimena- después de haberle cruzado la cara a don Diego -padre de don Rodrig...

Amor analfabeto

En tiempos del poliamor -que no es sino desamor a la antigua usanza- eso que los arbitrarios criterios de la decadencia negaron a los crisoles de su mañana, eso que abonó el proyecto de pretenderse grandeza en lanza y arrestos de Quijano el bueno, eso que puso a Dante ante la trascendencia o vio Petrarca un d ía de Viernes Santo, eso que no fue nunca y se quiso siempre, eso que hoy es un un raro siempre que se condena a nunca… Eso fue el amor letrado y convincente, filósofo tal vez… Siempre grandioso. Ya no sabes, amor, leer los días. Discípulo del tiempo, has olvidado que todo era un proyecto de la tierra al que no le bastaba con ser tierra, que su barro era un alma sin gramática y tú la voluntad de su sentido. Ya no sabes -qué tristemente estúpido te has vuelto con los años- por qué mueren los nombres y naufragan en la noche las naves de un destino. Ya no sabes amar, amor extraño, nada grande. Amor analfabeto... Amor maldito. 31 enero 2023 (el poema originario apareci ó aquí e...

El breve discurso de la verdad

  La oposición verdad-mentira siempre fue una oposición envenenada. Como todos los venenos, actuaba a traición de la vigilancia más extrema. Quiero decir que la peligrosidad de la mentira consistía en invadir la verdad, en infectarla hasta el punto de convertirla en la corroboración de su contrario sin que nadie se diera cuenta. Disponíamos, en estos casos, de una palabra al menos para definir tal metamorfosis: “engaño”. El engaño era el signo de aquella falsificación, el deseo consumado de la vieja pretensión atribuida a Goebbels (en cuyo favor lo único que se me ocurriría apuntar sería el número de repeticiones exigidas: mil veces una mentira para el reino de una verdad). Curiosa ecuación sin duda la del nazi: una falsedad multiplicada por mil es igual a una no-verdad negada. Como todos sabemos, nada en el mundo hay tan malo que no pueda empeorar. Y éste también es el caso de la verdad. Porque, si la oposición aludida dije que era envenenada, el verdadero mal de nuestro espacio y...

Morir sin muerte

  …morir sin muerte es casi una osadía  que no puede invocarse así nomás  por eso yo prefiero ser discreto  vivir sin vida es menos pretencioso.                                                                                   Mario Benedetti. Amanecer un día y no encontrar el mundo: la casa, su jardín, aquellos parques, los amables rincones de un común entusiasmo, la calle envenenada de una antigua tristeza, la asfixia en los relojes, su fatiga… Amanecer y ver el horizonte sólo del silencio, el beso eliminado de los labios, el cruel desbordamiento de la muerte... O amanecer el mundo y no encontrarte; y no verte en  la casa..., ni cruzando el jardín ni paseando en los parques; ni saber de tus labios y sus horas en el...

La voz de un sueño*

  En un ejercicio, orgulloso de su insignificancia, recupero estos "versos" que tan nada que ver tienen con todo en lo que aún vivo. Uno espera y espera... Uno excede la paciencia del tiempo, y aún espera un renglón en el aire, una quimera, un párrafo en la luz. Y no sucede. Uno quiere poder lo que no puede: romper con el silencio, esa manera de estar dentro de uno estando fuera, o estar donde no está cuando procede. Un día, de repente, suena un sueño. Se rompe el tiempo, el corazón se hunde, la vida se conforma, cesa, calma su agotadora desazón sin dueño. Y esa voz que de pronto nos confunde - u n vínculo de viento- rompe el alma . 13 enero 2023 *La llamada v.2