Ir al contenido principal

Entradas

En algún lugar y algún momento

. A todos nos queda algo en alguna parte, en alguna señal extraviada por los mapas. A todos nos quedan una ciudad y un día –un allí y un entonces– a los que llegamos por azar y donde se atrincheró el alma para resistir frente a lo demás, frente a lo que luego ocurriría o antes obligadamente nos pasara. Como los arcos de las catedrales, como los arcos de cualquier edificio, la vida tiene –en algún lugar, en algún momento– una piedra clave que da razón de su ayer y escribe su inevitable mañana. A todos nos queda un refugio, un rincón excepcional, sin el cual no sabríamos por qué, fuera de él, en su fría hostilidad externa, aún seguimos viviendo. A cualquiera –quiero creer que a cualquiera– le quedan un ayer y un lugar, por lo menos un lugar y un ayer, en los que a la rara crueldad de la vida no le inquieta ser cruel ni ser rareza: simplemente, se quiere a sí misma. La felicidad es eso… Lo demás, un necesario andamiaje, una servidumbre provisional que solemos llamar tiempo. .

Esa infantil ingenuidad...

. . Esto no es un análisis político porque yo no soy un especialista en coprología. Esto es un ejercicio de nostalgia por la infantil ingenuidad de un viejo filósofo. Dice Aristóteles en su Ética a Nicómaco : …el bien es idéntico para el individuo y para el Estado. Sin embargo, procurar y garantizar el bien del Estado, parece cosa más acabada y más grande; y si el bien es digno de ser amado, aunque se trate de un sólo ser, es, no obstante, más bello, más divino, cuando se aplica a toda una Nación, cuando se aplica a Estados enteros . Aristóteles creía –porque el hombre, a pesar de sus pretenciosas zancadillas ilustradas, no sabe nada, sólo tiene una fe absoluta en lo que imagina saber– que la política era una ética magnificada, que su objetivo era el mismo de la moral pero a lo grande, cuantitativa y cualitativamente. Si sería ingenuo que, como su maestro Platón, todavía hablaba del bien , no del poder , que es su degeneración semántica y acabó por desplazarlo. No nos engañemos, los ná...

La mística profana del caballero

. . …un no sé qué que quedan balbuciendo. S. Juan de la Cruz Lo dejé por todas partes; y tú, pasando de largo, sin intención de enterarte. ¿Y para qué, digo yo, tendrá que empeñarse el hombre en dejarse el corazón? Zarcillos de la palabra, sin ánimo de enredarse a los muros de tu casa. Soledades trepadoras… Y una ventana cerrada y una hiedra religiosa. De más allá, todo el cielo; de más acá, repartido, un no sé qué por los suelos. Mal sabedor de la tierra, se me cayó sin querer y se volvió enredadera. Lo dejé por todas partes… Pero ya me da lo mismo que sigas sin enterarte. Que para qué, digo yo, tendrá que empeñarse un hombre en dejarse el corazón. El caballero inactual 21 febrero 2011 .

Historia de...

. …y seréis como dioses Gen. 3:5 No hay día. No hay después. Sólo hay un rastro a través de la noche. Curva y nada; órbita vieja que recorre un astro, una vez y otra vez, equivocada. La sombra de la vida es excesiva si atardece un destino; si una empresa se acobarda, se niega, la derriba cualquier norte sin norte ni promesa. Estamos donde al cabo hemos querido: mercaderes del agua sin alberca; sueño de tierra, viento distraído que sopla lejos y que arrasa cerca. Es muy tarde. El sol ya sólo bebe oscuridad que al día no se atreve. 18 febrero 2011 .

Lo que yo sé de la vida

. Para Inma Probablemente sea poco. O cosas bastantes comunes; pequeñas filosofías que cualquiera descubre y han repetido otros muchos antes que yo. El hombre es el único animal que, como diría Ortega, puede pre-ocuparse. De aquí viene nuestra consistencia “histórica” y la agotadora laboriosidad de la vida: nos ocupamos de ahoras , nos sentimos ocupados por ayeres y, encima, andamos pre-ocupados en mañanas . El animal lo tiene más fácil: una difusa y didáctica presencia del pasado y una evidencia refleja del presente. Los verbos de la vida animal son defectivos: carecen de futuro, perfecto o imperfecto, acabado o por acabar. A primera vista, esta conjugación incompleta parece más seductora. Tanto que, literariamente, el hombre la ha convertido en uno de sus tópicos más resultones: carpe diem . También la filosofía ha sido víctima del mismo encanto en todos los ensayos de los hedonistas. Una gacela firmaría el carpe diem mientras pasta gozosa. A una tortuga, no le enfadaría lo más mín...

El mundo está bien hecho

. . .................... … No pasa nada. Los ojos no ven, saben. El mundo está bien hecho. El instante lo exalta a marea, de tan alta, de tan alta, sin vaivén . Jorge Guillén A mí, qué quieren ustedes, ver fotos así me tranquiliza, me pone… De buen humor, quiero decir. Esas sonrisas son sedativas. Indican que “el mundo está bien hecho”; aunque a veces no lo parezca. Pero ya sabemos que las apariencias engañan y no hay que fiarse de ellas. Así que, si no parece que está tan bien, es porque uno no se puede fiar de los sentidos, como ya aventuraba Descartes. Es bonito, muy bonito. Hay algo en esa foto de merecida satisfacción. En realidad, es como una foto de las ideas platónicas, abrazadas y sonrientes, con un mensaje de tranquilidad para los que estamos en la caverna. No es Hollywood, pero lo parece; y, según lo dicho antes, a lo mejor hasta resulta que sí lo es. Seguro que esta noche tengo sueños edificantes. Segurísimo, vamos. .

Volver a las soledades

. Ha vuelto porque aquí se dejó no sé cuántas soledades. Lo he visto más viejo; supongo que él también a mí. Mantiene la fachada por un generoso descuido de los años, pero el gesto es distinto: más enteco, más resignado; también, más desabrido. Hemos cruzado cervezas y brindado cigarrillos (en la calle, por supuesto). Hemos estado de acuerdo sobre las muchas mentiras y pocas verdades con que hogaño aderezan los hombres sus costumbres. Y al hablar del amor y el desamor, se le ha puesto en los ojos la memoria y me ha dicho: –Eso ya ni se entiende ni se lleva. Luego, con voz de aguardiente viejo, me ha leído estas soleares: He vuelto por un recibo que una vez firmé en tus ojos y tú has pagado al olvido. Por eso –y por más– he vuelto a pasear por tu calle y recorrer mis desiertos. Los días tuyos no están donde debieron quedarse: se fueron con los demás. Por decirlo que no quede; al cabo, todos sabemos lo poco que dura siempre . Son cosas del corazón: si al amor todo le sobra, también le so...

Del salto a la metáfora

. A mi alumno GCJ Cuando allá por el mes de octubre contaba a mis alumnos el mito de la caverna , nunca supuse que uno de ellos pudiera hacer una interpretación tan literal y arriesgada. Es verdad que Platón habla de un prisionero que escapa y trepa por la escarpada dificultad de la dialéctica hasta llegar al sol real, hasta bañarse en su verdad. Es cierto que Platón, después, nos dice que el osado fugitivo decide regresar a estas terrenas oscuridades para contar las maravillosas alturas a que los encadenados no nos atrevemos. Pues bien, ni corto ni perezoso, mi alumno Guille se embarcó en la posibilidad del platónico mito: rompió las cadenas, montó un Rocinante alado (no un vulgar Clavileño, que es mofa burda de ociosos pijos) y se fue a comprobar si desde tan-allá merecía la pena dar el salto hasta tan-poco-aquí para contarnos la luz y cuestionar nuestras nubes. Y lo hizo: regresó a la caverna con la misma alegría luminosa del esclavo platónico. Saltó, desde un poco más cerca del S...

Divagando sobre el infinito

. . El infinito es eso que se nos pierde al final de las fotografías: una invitación a la convergencia donde todo se encuentra y nada viste una imagen. Vemos el infinito todos los días, y no nos damos cuenta. O lo menospreciamos porque nuestras preocupaciones pagan tributo a la vecindad y a la cercanía. Pero lo cierto es que nuestra lazarilla mirada se abre paso entre las demás criaturas para enamorarse del infinito. Al andén de una estación llegan trenes que el viajero ve emerger, repentinamente, de un infinito atentado contra los postulados de Euclides –donde las paralelas desmienten su condición de serlo y se enamoran y funden en un punto inexplicable–. Desde el andén de una estación, parten trenes que engulle una osadía semejante: desparecen en un punto burlador de la geometría plana. El arte llama a esto perspectiva. Las ondas perezosas de un rumor lejano surgen del infinito silencio de un punto que, según se acerca, va curvando y crispando el aire hasta llegar a nosotros. Luego,...

La voluntad herida

. . Ahora no. No me dejes ahora. No ahora que es verdad lo que es debido. No ahora… cuando tengo que saldar el préstamo de Dios en pequeñas monedas, en los pobres ahorros que invertí en voluntades y guardé para ti en la alcancía del alma. No me dejes sin cielo o sin sonrisa, sin aire que beber o luz en que asfixiarme, ahora que el soldado no espera otra batalla ni sabe ya querer ningún ejército. Sin gloria ya en el filo de la espada, sin aplauso ni olor de pólvora en el viento, sin reino que ganar, sin ebriedad ni triunfo; caído sobre el barro de una indigente hazaña… no me dejes rodar por la derrota. Ahora no. Ya no tengo valor para la vida; soy un cobarde ante su casi nada. Sólo tú, si tu fe me hace posible, después de cada día me hablas de otro . Sólo tú me creaste invulnerable; capaz incluso de beber grandeza en la derrota si era yo el vencido. 2 febrero 2011 .

Payaso

. La última pesadilla que tenemos en la vida ocurre en los espejos. Nos miramos en ellos y sólo vemos a un payaso vestido de relojes. Grandes, pequeños, enormes, insignificantes; de mentira o verdad; de cartón o de plata ennegrecida; con óxidos remotos, con irrecuperables brillos… Nos miramos y no nos hace gracia ese payaso; o nos da un latigazo de melancolía su barroca indumentaria. Es una pesadilla común y recurrente. Pisa uno la luz, aborda el escenario, se abre paso la palabra… Y en un momento de distracción –o de anónima sabiduría– se mira al público. Pero ya no hay público, ya sólo hay un espejo. Y en el espejo, un payaso. Y sobre el payaso una giubba de grandes relojes, de relojes insignificantes… Ríe, payaso. Ríete de ti, naturalmente. Regálate el aplauso de tu propia mirada: si el niño debe llorar para empezar a vivir, lo justo es que, para empezar la muerte, te suceda una sonrisa. .

Aburrimientos gloriosos

. . Esto es una anécdota. Real, en el sentido real de la palabra. Ocurre en una clase de 2º de bachillerato. Historia de la Filosofía para ser exacto. Uno –este uno , impersonal y ajeno, es el docente– en días inmediatos debe hablar de Descartes. Para despertar el aplauso ante la razón, osada y libre, de que arranca el Racionalismo , aquel ingenuo uno predica algunas pretensiones de la llamada revolución científica . Cuenta algunas cosas –pocas porque uno es poco sabio– sobre Copérnico, Tycho, Kepler, Galileo… De Galileo va la anécdota. Uno, un uno habitualmente pesimista, sufre un relámpago de optimismo. Por un momento cree que hablar del hombre en lucha con la limitación tecnológica de su circunstancia puede ser ejemplar. Y se centra en Galileo, en el ingenio que monta para comprobar las relaciones matemáticas del movimiento de caída libre. No en lo de la Torre de Pisa, que probablemente sea un cuento, sino en la rampa por que dejaba caer bolas pulidas mientras medía, riguro...

La esperanza

. . Tú no fuiste real. No fuiste nada que tuviera que ver con estos días. Tú llegaste de un raro no-sé-dónde que nunca me dijiste; de un allí que engañaba coordenadas y mapas y horizontes y destinos. Tú no fuiste real; estabas hecha de todo lo que no define el tiempo, de todo lo que el mundo desperdicia –unas horas amables, unos días perfectos, un sueño derrotando escepticismos, una hazaña venciendo oscuridades…– No podías así… Fuiste quien eras –quien tenías que ser– antes que el hombre y la pobre humedad de sus acequias disfrazara de lluvia los campos sin cultivo. Tú no fuiste real: real es lo que ocurre en un aquí preciso, lo que pasa y nos pasa; y nos convence de sus horas hostiles, sus días imperfectos. Real es un reloj o un marcapasos… Tú estás hecha de cosas importantes. 19 enero 2011 .

Analfabetismo y melancolía

. Hay tres clases de analfabetismo: el real, el funcional y el desarrollado . Al primero, lo define la injusticia que impide la posibilidad; al segundo, la posibilidad que traduce un injusto menosprecio; y al tercero… Bueno, al tercero, que es un híbrido raro, lector de unas pocas tonterías –o muchas, o muchísimas, incluso– y seguidor de cualquier idiota, lo define un melodrama: la amarga imposibilidad de lo que quiso ser posible. Desde el punto de vista moral, los primeros son inocentes víctimas; los segundos, vagos impresentables; y los últimos… una inmensa melancolía. Porque el hombre conquistó la palabra para crecer, no para medrar; para pensar, no para confundir; para disentir, no para hipnotizar… Hay demasiadas palabras hoy que no merecen un solo pensamiento. .

El blasfemo

. Mi reino y mi verdad por nada de esto. Mi reino y mi verdad… sólo por nada, por poder blasfemar frente a su gloria. Para ellos la historia de rebajas: cien hazañas a cambio de una anécdota, cien destinos al precio de una hazaña. Al setenta por ciento del silencio se venden casi todas las palabras. Y se dicen después los días de fiesta. Y presumen las almas de su ganga. Para ellos el hombre depreciado. Para mí, la esperanza despreciada. Mi reino y mi verdad por nada de ellos. Cualquier nada es mejor... Si es otra nada. 13 enero 2011 .

Criando cuervos

. Autrefois, nous n'avions que le pavot. Aujourd'hui, le pavé. …porque nos han echado a la calle los hijos, o los hijos de los hijos, que escribían cosas como éstas en el 68. A mí, esto del tabaco me empieza a parecer una astracanada. Al principio lo consideré una majadería más de las muchas con que este mundo se adorna últimamente. Incluso me permití bromear con algunos amigos sobre el inevitable “paso a la clandestinidad” de cuantos somos convictos y confesos fumadores. Menos en broma, critiqué la hipocresía de un Estado que anatematiza con la diestra y exprime con la siniestra (unos nueve mil millones anuales de euros se embolsa gracias a nuestro “pecado”) a cuantos nos empeñamos en morirnos como nos sale de las narices. Claro que, si no fuésemos tan “malos” y tan salubremente “impíos”, habrían de revisarse los impuestos de otras cosas; lo que cabrearía sobremanera a los “buenos” y “saludables” ciudadanos que no fuman. Sin duda, esto de la pureza y rectitud morales es un pro...

Noche de Reyes

. . Hace un año pedí a los Reyes un misterio para todos los niños; un misterio de largo alcance y sin fecha de caducidad que les sirviera para toda la vida. Es un poco pronto para saber si hicieron caso de mi carta. Pero esta mañana he vuelto a ver muchos niños por las calles tras la bufanda de esa bendita sonrisa que santifica la ilusión. Iban de un lado para otro, como si a la felicidad le hubieran salido piernecitas y se hubiera rodeado de pequeños cuerpos para correr entre nosotros o para recordarnos cuando nosotros éramos ellos. Quizá por eso, a muchos adultos se les ponía también una sonrisa de inocencia y lujo: el niño de nuestro ayer (o larguísimo anteayer) en el fondo no acaba de crecernos nunca. Desde ese niño creo que para perdonar a cualquier hombre bastaría pensar en él a sus cuatro o cinco años… Cuando jugaba, cuando lloraba, cuando reía… Cuando tenía fiebre y su madre le ponía el termómetro, y consolaba el dolor de su pequeña tristeza... Cuando su padre le llevaba al cin...

La única elección

. La historia es la hazaña de la libertad y la libertad, la hazaña de la historia Claudio Sánchez-Albornoz Hace ya algún tiempo comprendí que tomar partido político era algo de pobre trascendencia en la vida de los hombres; un suceso coyuntural siempre; a veces, una gimnasia de estupidez. En los últimos siglos, Occidente se ha dedicado a matar a diestro y siniestro. En el XIX, mató a Dios, según la sentencia de Nietzsche, y se quedó con las ideologías, que eran la caricatura de Dios a escala humana. En los dos primeros tercios del XX, las ideologías, que se habían encarnado en partidos políticos, se mataron unas a otras en dos guerras mundiales (declaradas, porque hay otras que cursaron tácitamente), variopintas “revoluciones” y un par de genocidios más o menos reconocidos. En el ultimo tercio del mismo siglo, las ideologías, exhaustas y arruinadas por su inutilidad –no sé si también por su remordimiento–, acabaron suicidándose. A esto se le llamó posmodernidad , que es algo que no se ...

Una cita recomendable

. No son éstos malos días para hablar con una vieja amistad, para citarse con ella en un café nostálgico y estrechar sinceridades en la esgrima de dos copas. Yo lo he hecho hoy. La he llamado por teléfono esta tarde. Le he preguntado por su ayer y por su ahora después de tanto no saber de ella. Y hemos quedado para brindar por todo lo que nos debíamos y no habíamos hablado. Ha sido a las diez, en un bar de barrio antiguo y pobre donde solíamos vernos cuando apenas nos conocíamos. Yo he pedido un Four Roses , sin hielo, naturalmente; ella, una tónica sin firma –siempre tuvo un paladar puritano–. Y he vuelto a preguntarle por su hoy y por su antes. Hemos pasado dos horas –cuatro vasos de bourbon y dos tónicas– despertando palabras y desordenando soledades; porque la verdad es una soledad ordenada que retiene innumerables silencios. Algo parecido flameaba ya en el templo de Delfos. Hasta que lo divulgó Sócrates y lo divinizó San Agustín. Ahora se ha vuelto impopular defender tales cosas ...

¿Navidad...?

. . Por esa calle, húmeda y gris, andaba un verbo tropezando con el mundo. Por esa calle de diciembre, o siempre, que tiene el nombre propio de cualquiera distraído en las letras de la vida. Por el ruido de fondo de los hombres y la rara aventura del silencio que el invierno recoge de la lluvia. Por esa calle –frente a mí o los otros–, húmeda y gris –ajenos, displicentes–, un verbo regresaba... ......................................... Sólo había una acera incapaz de conjugarlo. 23 diciembre 2010