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Entradas

El abandonado

  Las noches de imaginaria son lugar de soliloquios; y cuando uno habla consigo, en realidad lo hace con sus recuerdos. Vuelvo pues  otra vez a ellos porque hay abandonos que, al cabo, nunca nos abandonan: Que te llame y no estés, o no respondas; que el dolor sea un frío cristal cortando el labio  azul de la esperanza; que haya un rastro de líquenes abriéndose camino por los ojos de los muertos; que el corazón de un niño se eclipse entre algodones;   que un disparo reviente la sien de un inocente... Que te llame y no estés, o no respondas, o pongas cara a cara mi voz con el vacío; que el mundo esté cansado de tanto vuelco inútil en la noche; que amanezca de pronto la falsa compañía; que nos hayan mentido; que una idea diluya su grandeza en la tierra... Que te llame y no estés, y no respondas, y no sepas de mí, y no apartes del hombre este cáliz amargo, y no haya inocencia, ni virtud, ni ternura... Que de pronto la nada sea la última nave... ¿Hay mayor s...

El fabulador y la lógica adverbial

  Sé que no habrá después , que es un momento último que no dispondrá de otro, de ningún otro; que no habrá ningún luego posible, sólo un jamás donde aparcar cualquier más tarde. Sé que no habrá otra noche ni otra calle como ésta, ni otra nube, otro pájaro, otro cielo; ni tu voz otra vez, ni tu sonrisa desconcertando a Dios ante su ingenio… Sé que no quedarán ya verbos defectivos con que salvar la nada de la nada; ni ojos permeables para la tilde de una lágrima... Sé que después es ya . Y que ya no hay después… Porque la lógica adverbial no se discute: nunca sucede un luego al que antes jamás lo precediera . Porque nunca hay después si antes no hubo … Porque antes fue inventado… ¡Porque antes no fue nunca! 14 septiembre 2021 (un hoy cualquiera sin ayer siempre y nunca mañana)

El pensamiento y 'las redes'

  Durante los muchos cursos (cuarenta y seis para ser exacto) que estuve dedicado a la enseñanza siempre creí − e intenté − que la cimentación del pensamiento crítico fuese uno de mis objetivos prioritarios, convencido, además, de que los tres mil y pico millones de años que llevaba invertida la vida en su desarrollo se merecían esta mínima consideración. Naturalmente, el pensamiento, como actividad que es, necesita serlo sobre algo; y este algo son los datos. Si no hay datos, no hay pensamiento; y si no se contrastan objetivamente, no hay pensamiento crítico. Es más, no hay ni opinión; sólo un amontonamiento de palabras apedreadas por emociones incapaces de ir más allá de sí mismas. De lo que no me cabe la menor duda es de que tales datos, por simple practicidad, deben estar incorporados a la memoria propia, y no delegada su posesión exclusiva a los almacenes de que se obtuvieron, llámense internet, como algún ministro predica, o bibliotecas, como siempre se supo que lo eran. Est...

Museo de cera

  Apareció en esta I maginaria en febrero de 2009. Pero se borró el audio. Este poema, como entonces decía, cerraba La asamblea de las sombras (Exlibris 199 8 ) y visitaba en las galerías del alma los personajes con que, mal que bien , hemos hecho la vida. Hoy, sabe Dios por qué, he sentido un aldabonazo en la memoria y la necesidad de recordarlo. Agradezco una vez más a Bruckner que, desde el paraíso de su inmortalidad, no me reproche el amparo inmerecido de la Sinfonía n.º 7.

Historia de la verdad

  La razón primero narró bellas historias que daban sentido a todo y todo lo comprendían. En ellas soñó la verdad. Siglos después hizo reinar a ésta al final de un camino hecho de hermosos argumentos e impecables silogismos; aunque, más tarde, un poco obligada por el auge de la pragmática burguesía, empezó a perseguirla por la piel de los fenómenos hasta acabar creyendo ser ella la propia verdad. Al cabo, se desesperó y se defraudó a sí misma. Y en los tablaos del escepticismo se hizo palmera de los zapateados de la incertidumbre por su amargo sinsentido. Entonces empezó a hablar con la posverdad, que no es sino la humillante destitución de la verdad ante los triunfantes galones de los sofistas. Y así fue como la razón se convirtió en su falsificación. Lo malo es que, entre la razón falsificada y la verdad destituida, al ser humano le cegaron todos los nortes. Y, cegado y desnortado, no halló mas paisaje en el horizonte que el de su vieja y animal condición. De ahí el cinismo d...

Dudas angustiosas

¡Que en tan poco tiempo tal lengua entre cristianos haya! Lope de Vega Me llegaba días atrás, por vía de esas enredadas sendas de los smartphones , una nominal candonga que me llenó de dudas gramaticales. Referíase la misma al jugueteo inclusivo con el término votante, que en su triple, y hoy por algunos aplaudida, morfológica flexión penduleaba de votantes a votantas y de votantas a votontos . Con independencia de que en el último caso se ejerciese cierto forzamiento en el lexema a fin de hacerlo chistoso, despertome la angustiosa incertidumbre de cómo se habría de aplicar en la nueva gramática la concordancia de género en palabras comunes al respecto (tan justamente denostadas, por cierto, debido a la heterocontaminación despreciable y patriarcal de nuestra Historia). Pensaba yo si a los cantantes habría de referirse uno añadiendo cantantas y cantontos, aunque más justo me parecía, para obviar el forzamiento chistoso antes dicho, emplear cantantos que, aun sonando igual d...

Aclaraciones sobre "La escala animal"

    La entrada de hace tres días hablaba de algunas tragedias que, he de reconocer, no dejé muy bien definidas. La causa de tal imprecisión fue sin duda que el texto, más que un texto, era un puñetazo de ira en el teclado; un estallido emocional ante la barbarie de ese acto aberrante que es matar un niño. Un acto, por cierto, en que las manos sucias se multiplican hasta llegar a implicar, en muchos casos cotidianos, la de todos nosotros. Las tragedias, que con tan precaria definición redacté, se referían   a las siguientes pequeñas almas: Pescaíto era, evidentemente, Gabriel Cruz, el delicioso chavalín de ocho años que tuvo en vilo a toda España hasta el doloroso desenlace de su hallazgo. Lo mató una maldita mujer Aylan , claro está, se refería a Aylan Kurdî, un angelito de tres años cuya foto de sueño sin vida boca abajo en una playa de Turquía conmovió al mundo entero. Lo mató la huida de una maldita matanza contra su pueblo, que él ni pudo saber jamás cuál era. ...

La escala animal

    El mundo es una pesadilla. La vida es una pesadilla. El hombre es una pesadilla... Me avergüenza escribir. Todo acaba repugnando. Me da asco todo lo que rodea nuestro tiempo. ¿Verdad,  Pescaito? ¿ Verdad que a tus ojos de estrellas también le repelen los días que embadurnamos con tanta maldad? O a ti, Aylan, ¿verdad que tus niños pulmones, cruelmente ahogados y ya en tanto olvido, reclaman justicia a todos los hombres? Y tú, oscura tristeza, siempre sin nombre, con tu cuerpecito rodeado de moscas en un lecho sucio, ¿no nos exiges a todos nuestra anónima parte de culpa? A veces hasta invocando “grandes ideas”, reventamos el alma a los niños. La madre que os… ¿Verdad, Mari Pili, que fuiste robada a los días que te correspondían con sólo ocho años por un miserable estallido en un patio de paz donde estabas jugando? Y días atrás, un juicio en Godella... A unos padres de mierda y de vómito. Y tantos... Y tantos... Y hoy… Maldito sea hoy! Maldito sea el ho...

La rosa y el eterno retorno

                             ¡La eterna clepsidra de la existencia dará vueltas incesantemente, y tú con ella, polvo del polvo!                          F. Nietzsche (La Gaya Ciencia)                                       De pronto una luz nos confunde. Besa un jardín, una rosa. Descoloca un tiempo mal vivido…   Y se confiesa al resplandor la sombra que provoca.   Piensa la oscuridad, hace memoria de un entonces sin ser, ninguneado, confuso, disponible en otra historia; inesperadamente iluminado.   Un entonces que el alma no sabía y cree saber de pronto, sin paisaje ni calendario ni lugar ni día; un nunca de ontológico coraje...   Mientras, la luz eterna y sile...

La decepción inesperada

  Cuando uno se cansa de todo, lo mejor es dejar correr la pluma para bajar la presión del alma. Libre, suelta, sin rienda de argumentos, ni brida de razones. A su antojo por todo lo que ocurre o no llega a suceder; como un vilano de esos que soplábamos de niños para verlo arroparse con el viento y llegar donde no nos alcanzaba la vista. Cuando uno se cansa de la tierra que habita y de la gente que arroja la verdad por la borda de mezquinas intenciones; o detesta los días que pasan escupiendo a la Historia y las páginas falsas de luces sombrías, y los lobos que aúllan a lunas que no existen. Cuando uno se cansa de todo y, mire donde mire, sólo ve oscuridad... Oigo y leo a notables personalidades que discursean lamentando su decepción ante el inesperado (?) desmadre de botellones, gritos y borracheras que han sucedido tras el súbito final del estado de alarma. La verdad es que no puedo evitar la pregunta: ¿son tontos o simplemente se lo hacen?   ¿De verdad alguien podía espe...

Madrid, Madrid, Madrid...

Nací en Madrid. Hace ya mucho tiempo desde luego. Hijo de padres y nieto de abuelos, por ambas ramas, también de Madrid. Mi alumbramiento ocurrió en Chamberí y mi educación en “La Prospe” (el viejo y también castizo barrio de “La Prosperidad”). De esta cadena de sucesos intrascendentes (para el mundo, no para mí, claro está) se desprende que soy irremediablemente madrileño. Y lo cierto es que, de un tiempo a esta parte, siento casi la obligación de pedir perdón por ello. La verdad es que no sé por qué, pero es incontestable que, por gracia de unos políticos que parecen despreciarnos, cuando no somos culpables de ser verdugos, lo somos de ser víctimas. No son pocos los figurones de Comunidades que con los vaivenes de la pandemia han aprovechado para arremeter contra los madrileños (no ya contra su gobierno, sino contra sus ciudadanos) cerrándoles las mismas fronteras que babeaban por abrir a otros viajeros. Y no quiero decir que el cierre fuese o no loable exigencia sanitaria, sino que ...

Divinas palabras

Sin ánimo de ofender y con terapéutica cortesía, no tengo más remedio que reconocer la aparición de un trastorno, de rasgos inquietantemente neuróticos, entre algunos hablantes de nuestra lengua. Como bien es sabido, la neurosis es una afección leve que se caracteriza por la respuesta indebida y desmesurada a estímulos inocuos. Yo, por ejemplo, no soporto ver un botón encima de una mesa. Reconozco que es una estupidez, aunque por fortuna mi neurosis es enteramente inocente: no perjudica a nadie ni se traduce en ningún tipo de obsesión didáctica hacia los demás; quiero decir   que ni por lo más remoto se me ocurre pretender aleccionar a nadie sobre la idiota peligrosidad de los botones abandonados en las mesas. Pero cuando no se da esta adversativa fortuna, la gravedad del síndrome preocupa. A mí por lo menos. Es el caso que, de un tiempo a esta parte, se han encontrado pacientes que, al hablar castellano (particularmente castellano, sí; especialmente esta maravillosa lengua), hál...

La puerta de la casa

  Me sentaré otra vez delante de la casa, a la puerta del alma en los barrios del mundo. Transcurrirán las sombras por sus horas, los meses por sus años. Vendrán días lluviosos y fríos. Vendrán inviernos y vendrán veranos. Y otoños y primaveras luminosas. Repetiré virtuosas palabras en voz alta sin que nadie se detenga a pensar quién ni por qué las dijo. Veré cruzar los astros. Veré a los gorriones correr dando saltitos, picoteando aquí y allá. Veré llorar, reír, amar, temer... Veré pasar, pasar, pasar… Me sentaré otra vez delante de la casa, extrañado como siempre, pero un poco más viejo, más solo, más acostumbrado a la desesperanza. Porque, al cabo, veré pasar de nuevo sus derrotas. Y no sentiré nada, ni alegría ni pena ni tristeza. Acaso un poco de piedad o algo de confusión por lo que hicieron... Acaso un enorme dolor por habitar la muerte.         Marzo 2004