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Amor analfabeto

En tiempos del poliamor -que no es sino desamor a la antigua usanza- eso que los arbitrarios criterios de la decadencia negaron a los crisoles de su mañana, eso que abonó el proyecto de pretenderse grandeza en lanza y arrestos de Quijano el bueno, eso que puso a Dante ante la trascendencia o vio Petrarca un d ía de Viernes Santo, eso que no fue nunca y se quiso siempre, eso que hoy es un un raro siempre que se condena a nunca… Eso fue el amor letrado y convincente, filósofo tal vez… Siempre grandioso. Ya no sabes, amor, leer los días. Discípulo del tiempo, has olvidado que todo era un proyecto de la tierra al que no le bastaba con ser tierra, que su barro era un alma sin gramática y tú la voluntad de su sentido. Ya no sabes -qué tristemente estúpido te has vuelto con los años- por qué mueren los nombres y naufragan en la noche las naves de un destino. Ya no sabes amar, amor extraño, nada grande. Amor analfabeto... Amor maldito. 31 enero 2023 (el poema originario apareci ó aquí e...

El breve discurso de la verdad

  La oposición verdad-mentira siempre fue una oposición envenenada. Como todos los venenos, actuaba a traición de la vigilancia más extrema. Quiero decir que la peligrosidad de la mentira consistía en invadir la verdad, en infectarla hasta el punto de convertirla en la corroboración de su contrario sin que nadie se diera cuenta. Disponíamos, en estos casos, de una palabra al menos para definir tal metamorfosis: “engaño”. El engaño era el signo de aquella falsificación, el deseo consumado de la vieja pretensión atribuida a Goebbels (en cuyo favor lo único que se me ocurriría apuntar sería el número de repeticiones exigidas: mil veces una mentira para el reino de una verdad). Curiosa ecuación sin duda la del nazi: una falsedad multiplicada por mil es igual a una no-verdad negada. Como todos sabemos, nada en el mundo hay tan malo que no pueda empeorar. Y éste también es el caso de la verdad. Porque, si la oposición aludida dije que era envenenada, el verdadero mal de nuestro espacio y...

Morir sin muerte

  …morir sin muerte es casi una osadía  que no puede invocarse así nomás  por eso yo prefiero ser discreto  vivir sin vida es menos pretencioso.                                                                                   Mario Benedetti. Amanecer un día y no encontrar el mundo: la casa, su jardín, aquellos parques, los amables rincones de un común entusiasmo, la calle envenenada de una antigua tristeza, la asfixia en los relojes, su fatiga… Amanecer y ver el horizonte sólo del silencio, el beso eliminado de los labios, el cruel desbordamiento de la muerte... O amanecer el mundo y no encontrarte; y no verte en  la casa..., ni cruzando el jardín ni paseando en los parques; ni saber de tus labios y sus horas en el...

La voz de un sueño*

  En un ejercicio, orgulloso de su insignificancia, recupero estos "versos" que tan nada que ver tienen con todo en lo que aún vivo. Uno espera y espera... Uno excede la paciencia del tiempo, y aún espera un renglón en el aire, una quimera, un párrafo en la luz. Y no sucede. Uno quiere poder lo que no puede: romper con el silencio, esa manera de estar dentro de uno estando fuera, o estar donde no está cuando procede. Un día, de repente, suena un sueño. Se rompe el tiempo, el corazón se hunde, la vida se conforma, cesa, calma su agotadora desazón sin dueño. Y esa voz que de pronto nos confunde - u n vínculo de viento- rompe el alma . 13 enero 2023 *La llamada v.2

La noche más hermosa

No puedo evitar recordarla, aunque haya pasado un cuarto de siglo. Me basta salir a la terraza y escuchar... nada. O mirar las calles y sólo ver la niebla pasear por las aceras. Es la noche más hermosa, reescrita y colgada en otro viejo blog tal día como hoy hace quince años; recuperada después y agrandada con Chopin; repetida ahora porque la edad me exige devoción por la memoria y práctica para no olvidar las tildes de la vida que he querido.   (*) No se oyen gritos, ni frenazos, ni alaridos, ni petardos, ni arcadas, ni sirenas, ni bramidos… No se ven montones de humanidad ni comas etílicos; ni hordas asfixiadas en vinos espumosos; ni envases ni papeles ni suciedad por las aceras, ni borrachos orinando bajo el desprecio de una farola… No se huelen perfumes espesos hasta el vómito, ni alientos de tabaco mezclados con carmín y eructo de champán. No se roza el sudor de un abrazo artificial, ni se engulle el vigésimo polvorón para empapar la inundación obligatoria de los des...

Ropa limpia

Han pasado catorce años... O veinte... O cincuenta... O una eternidad... ¡Qué más da! La ropa limpia sigue aún tendida, inmóvil parmenídeamente, como un dios de mármol, como una fotografia a la que nunca llega el viento salvador de tanto olvido. Me queda este consuelo, este paisaje de señales colgando en la ventana: ropa limpia de verbos y tristeza tendida al sol confuso de diciembre. Sólo eso: palabras de impotencia tantas veces lavadas en mis lágrimas. Que el viento las arranque y las eleve, y arrastre su rumor a alguna parte, a algún rincón donde el silencio pueda recuperar del aire tanto olvido. 19 diciembre 2008

Nada nuevo

  Asfixia el mundo, este mundo que se construye desde el juicio acelerado; tan acelerado, que se adelanta a sí mismo, que deja de ser juicio para ser prejuicio; ortodoxamente, “pre-juicio”, algo que volcamos sobre los demás sin darles ocasión de nada, sin saber realmente nada de lo que pasa o les pasa, guiándonos de tres o cuatro señales mal leídas y peor interpretadas, dando crédito al ruido para invertirlo en mensaje, convirtiendo nuestra fantasía en injuria y condena… Por eso he perdido las ganas de escribir. Últimamente ando en tratos dolorosos –y reales– con los años. Con los muchos, por el duelo de ver los escombros de su ruina; con los pocos, por la pena de saber la inanidad de su proyecto; con los medios, por su errático andar tras la opinión de más aplauso… Con los míos, por la inmensa lejanía de mi mismo. No tengo ganas de escribir porque cada día tiene el día menos ganas de serlo , porque todo lo que habrá de establecerse al cabo de vivir puede que sea para nada ; porque...

Ogigia

* Ogigia, ese nombre de tan inc ómoda articulación , es la isla de Calipso, la ninfa que pretendi ó borrar la memoria de Odiseo y que le ofreció la inmortalidad para que permaneciera junto a ella. Pero, como todos sabemos, el héroe griego prefiri ó ser mortal a cambio de volver a su patria y a Penélope. Odiseo es un hombre de é sos que, por encima de todo, s ólo quieren recobrar la vida que han vivido, el amor que han amado. El poema, como indica la fecha, apareci ó ya en  esta Imaginaria. ¿ P or qué lo hago reflotar ahora? No lo sé. Los años juegan con nuestra memoria como el niño a que se refiere Nietzsche al final de las tres metamorfosis del discurso de Zaratustra; ese niño que “es inocente y olvida; una primavera y un juego, una rueda que gira sobre sí misma, un primer movimiento, una santa afirmación.” G iro, pues, sobre mi propia y, naturalmente,  prescindible memoria. Estos días que vienen de otros días enredados en noches engañosas… Estos días que invaden sin ...

Las necesidades del hombre

          La ciencia, para sobrevivir;           el amor, para permanecer;           la poesía, para no morir;           la ficción, para distraer;           las noches, para despertar;           la filosofía, para crecer;           el arte, para soñar;           la moral, para vencer           la pereza de existir…           Y Dios –perdón por la divergencia–           tan sólo... para vivir. 19 febrero 2008 Nueve necesidades para merecer un destino, ése que encierra –o debería encerrar– el proyecto ontológico de nuestra especie.

Del caballero, la muerte y el diablo

  Este texto duerme en los subterráneos de lo que ahora escribo; al cabo, tal es el destino de las palabras de un blog. Son como la vida: una fugaz estancia en los signos y el sonido, y un interminable descanso en el olvido y el silencio. Yo, a veces, las devuelvo al aire para que respiren de nuevo y sueñen su resurrección. No es mal día --ni mal mes-- éste para las que aquí recupero. Entra un sol de atardecer cercano por la ventana izquierda del despacho. Me lo devuelve el suelo, brillante, recién fregado, al dolor de los ojos. Me inquieta la mirada. No sé por qué me viene a la memoria “El caballero, la muerte y el diablo”. No veo relación alguna entre este vacío, cotidiano y ahora luminoso, y el grabado de Durero. También me viene Sciascia, también esa pequeña historia y terminal maravilla suya: “El caballero y la muerte”. Es un rebote, como el de la luz hiriente, del sol al suelo, del suelo a mi daño. Ese “Vice”, no “Jefe”, sino “Vice”, fumador irreversible y con cáncer irremedi...

La mercancía inquietante

  A veces es preciso detenerse. Bajar de la cabina. Acercarse al remolque. Visar que el sol no enfada la nitroglicerina, comprobar si mantiene la temperatura idónea… Luego se debe examinar la vía; precisar si hay badenes peligrosos o curvas sorprendentes; o rectas de intenciones imprevistas; o brújulas confusas o traiciones del mapa… Todo esto lo sé por las películas; ésas con tipo duro y desastrado, – rostro firme y sudoroso; barba de dos, de tres, de cuatro días– que viaja en un camión polvoriento y grisáceo cargado de explosivos a no se sabe dónde. Yo llevo unas setenta botellitas – algo más según consta en el último recuento– de un líquido mortal camino de un enigma. Las robé de año en año con la astucia de un héroe medio tonto y de inútil osadía. Pero, a veces, me canso y me detengo. Y examino la carga... Y no sé por qué lo hago… Será por las películas. Cualquier día de éstos me aburro del empeño de ir a no sé dónde embotellando la vida en pequeños frasqui...

Leyendo a Ovidio

                (*)   . ..veo las hordas de los Escitas, las turbas con bragas de los Getas, y así, lo que veo y lo que no veo contribuye por igual a mi suplicio. La única esperanza que me consuela en tanto extremo, es que la muerte abreviará la duración de mis tormentos. (Tristes VI, Ovidio) En mi patria final, mi Ponto Euxino, cada hora, de mí tan desterrado, prefiriendo la muerte a este destino de ayer sin hoy, de ahora sin pasado. Deletreo la tarde… Es tan tarde que nada ocurre en Roma que me importe. Cada día, la urbe es más cobarde; cada hora , su norte es menos norte... En mi tiempo final, leyendo a Ovidio me aturde hasta dolerme su tristeza, su suplicio, su tedio, su fastidio, el cancelado ayer de su grandeza... En mi tierra sin luz ni Ponto Euxino, sin urbe ni retorno... S in destino. 7 de mayo de 2022 (*)   Ion Theodorescu-Sion Ovidiu în exil