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Entradas

Examen de conciencia

. Me dan lo mismo los análisis políticos, las disecciones ideológicas o la anatomía de las creencias. Me dan exactamente igual las culturas tras sus palabras o las civilizaciones bajo sus silogismos. Me importa un bledo el rigor erudito de las fortalezas en que quiere refugiarse la justicia, la cuota miserable de mentirosas ecuaciones que enarbola exponentes de equidades perdidas. Cuando veo la foto de un niño muerto en Gaza hace unas pocas horas, cuando leo que en el Congo se asesinó a 150 personas en un templo durante un concierto de Navidad, cuando repaso la delirante crónica “habitual” de esa bestialidad que con patético e incomprensible “eufemismo” han decidido llamar “violencia de género”, cuando un pretendido intelectual de mierda intenta poner zancadillas a la inteligencia para que el tiro en la nuca de un mafioso parezca la bandera de una idea… Cuando la vida humana no vale nada, los argumentos valen aún menos. Cuando la persona pasa a ser renglón intercambiable por razones, ...

Segunda parte. Ahora que hablamos de la felicidad…

. Para Francisco (y perdón por el retraso en el “combate”: he estado fuera de casa todo el sábado) Cometí un error el otro día: antes de ponerse uno a hablar de algo, lo primero que debe hacer es acotar los términos que piensa emplear; sobre todo si esos términos se acompañan de una confusa polisemia. La felicidad es un concepto escurridizo que anda lastrado por otros en apariencia afines. Aristóteles lo sabía y empezó su Ética a Nicómaco desautorizando los sentidos espurios con que el vulgo se refiere a ella. Pero claro, él era un sabio y yo no. La felicidad es un mecanismo de supervivencia humana como lo es la satisfacción para la supervivencia animal. Para salir adelante, para no regresar al laxo estado mineral, el ser vivo necesita enterarse de que está haciendo lo adecuado para seguir vivo. A esa noticia sobre la idoneidad de su conducta es a lo que llamo satisfacción o saciedad –o bienestar orgánico–. Cuando se da ésta, el animal sabe que puede poner a descansar la maquinaria ...

Ahora que hablamos de la felicidad...

. La felicidad no es un anticiclón de días luminosos que nos viene a la vida merecidamente. La felicidad, como todo lo que al hombre se refiere, es un esfuerzo, un empeño tenaz porque madure. La felicidad es oficio de horticultores y campesinos del alma, de gente que toma la tierra que tiene y la limpia y la abona; y la siembra y la riega; y protesta por el pedrisco o la helada del suceso adverso, pero sigue mimando el haza que esforzadamente ha arado y la semilla que dejó en su entraña. Cuando es posible el territorio (lo que no siempre ocurre: hay demasiada gente en el mundo que no tiene tiempo para pensar si es feliz porque lo único que se le permite desear es ver amanecer el día siguiente), cuando tenemos la suerte de disponer de su posibilidad, hay que cuidarla a pesar de la corte inevitable de sus variopintas infelicidades. Y esto es lo que no queremos; esto, lo que rechazamos de plano: deseamos una felicidad sin concesiones al disgusto o la contrariedad, pretendemos el día lumin...

El viejecito (bis)

. La esencia de las tradiciones está en la reiteración. La tradición se repite porque recupera algo que no sabemos muy bien qué es, pero nos invade de una necesidad. Por eso voy a repetirme. Lo colgué de un “atardecer” hará cosa de un año y he querido volver a hacerlo hoy porque el sábado, a la 1:45 P.M., subió de nuevo a su puente y se puso a no andar hacia donde sí quisiera. Podéis pasar de largo si ya entonces lo leísteis. En cualquier caso, Feliz Navidad. . Creo que tiene 87 años. Ha sido testigo mudo de la Dictadura de Primo de Rivera, de la caída de la Monarquía, de la proclamación de la República, de la Guerra Civil, del franquismo, de la Democracia… Tiene nariz aguileña, ojos grandes y tristes, barba y pelo blancos. Viste un traje negro con chaquetilla corta, como de charro salmantino. Anda encorvado y despacio, con los brazos hacia delante para compensar una carga de leña que lleva a la espalda, una carga de piedad que lleva llevando todos esos años a un portal que sólo advier...

Ropa tendida

. . Me queda este consuelo, este paisaje de señales colgando en la ventana, ropa limpia de verbos y tristeza tendida al sol confuso de diciembre. Sólo eso: palabras de impotencia tantas veces lavadas en mis lágrimas. Que el viento las arranque y las eleve, y arrastre su rumor a alguna parte, a algún rincón donde el silencio pueda recuperar del aire tanto olvido. (19 diciembre 2008)

Animal de compañía

. Después de todo, le tomé cariño. No responde a una raza definida, es cierto. Tiene algo de golfo –en el buen sentido de la golfería, que es el de vagabundear sin norte ni encomienda–. Pero quiere ser amable y próximo; tan próximo, que a veces se me pone ñoño, casi gatuno. Da vueltas a mi mesa, se detiene, no quiere distraerme y, sin embargo, lo consigue. Se aleja, se aproxima. Luego parece que se cansa de mi vano empeño de ignorarlo... Y se tumba a mis pies y no hace nada; recoge la mirada debajo de los párpados y se queda dormido. Pero no siempre es tan fácil: también me ha hecho destrozos, también ha mordisqueado algunas de los rincones que más quiero. Me duelen esos gestos de intratable rebeldía, ese afán de romper los equilibrios agónicos de mis precarios paisajes. Hace tiempo, lo sacaba a la calle después de que la tarde dejará de serlo. Hasta que empezaron a agobiarlo sus estrechas avenidas. Cada vez salíamos con menos ganas, como si hiciera frío aunque fuera primavera. Y decid...

Noche oscura

. A Juan de Yepes (en el mundo, se entiende), con mi devota admiración En una noche oscura, con ansias en amores inflamada… S. Juan de la Cruz Ha dejado la noche la estatura de su alta oscuridad, de su distancia, de ese herir la paciente vigilancia del alma a que enamora su locura. Ha dejado de ser la noche oscura la escasez que soñaba su abundancia: un racimo de amor, una fragancia de jardines, de rosas, de blancura. Hiede el centro del hombre envanecido a barrios luminosos, a basura… Tras la noche no hay Dios, sino su olvido. ¡Y yo sigo creyendo en quien saliera, inflamada de amor en noche oscura, de esa casa del alma prisionera! . 14 diciembre 2008

...las hierbas que él arrojó

. Para mis alumnos que, por supuesto, no saben que estoy por aquí . . Estaba convencido de que había filosofías de todas las cosas; de las insignificantes quiero decir. No es de extrañar en tiempos en que la filosofía se ha vuelto comodín de ideas; una carta en la manga de los tahúres mediáticos que avala la dignidad de todas sus jugadas. Así, hay filosofías de entrenadores deportivos, de cadenas de hipermercados, de industrias de zapatillas, de ONGs pro-marsopa, de AMPAs (no hampas, que también), de asociaciones vecinales… Vamos, de todo. Así que yo me consideré con derecho a pensar las mías, las de poca monta, las de casi nada. Me hacía sentir bien eso de dar importancia a lo que no era importante. Eso que estaba ahí, rodeado de vulgaridad por ser común: un jardín, un día de lluvia, una mirada traicionada por los ojos responsables, un periódico viejo con noticias que archivó su intrascendencia, la soledad de una hoja a punto de ser danza cualquier tarde de octubre… Me acordaba de Azo...

"Solaya..." o un baño de vanidad

. . De vez en cuando es bueno. Por ejemplo, cuando uno está frisando edad de “batallitas”, ese punto del tiempo en que se mira atrás, ingenuamente, soñando encontrar paisajes portentosos. Por lo general, no los hay. Por lo común, lo único que se divisa es el deshielo de unas cuantas ilusiones montañosas. La insistencia nos permite descubrir algunos prados. Y eso es suficiente; lo demás se convierte en distracción neblinosa; como debe ser, ¡más faltaría! Entonces uno empieza a hablar, y a hablar, y a hablar… de su hermosa pradera memorable. Como ésta, sin ir más lejos: 1982. Madrid de invierno en decadencia galopando sobre un mes capón en días. Calle del Duque de Medinaceli, entre “el Palace” y la iglesia del Cristo de igual nombre. Calle que, si uno sigue, se cruza con Cervantes y más allá con Lope. Calle para quedarse a morir, porque entre Lope y Cervantes sólo se puede morir y después hablar con Dios. Salón de Actos del Centro de Humanidades del CSIC. Unas cuantas palabras de Cadals...

La mirada y el alma agonizante

. . No permitas que Andrómeda diluya ese velo de nieblas tan lejanas. No consientas que el éter se interponga y confunda mi sueño en sus relámpagos. No distraigas los astros ni emborrones el lento acontecer de su belleza. No convoques los cirros de la tarde a la oscura asamblea de su olvido ni trastornes el cielo, el espectáculo callado y portentoso de la última esfera. Deja estar al deseo en su delirio. No niegues residencia a la esperanza, a ese polen de estrellas esparcido que atraviesa tus ojos cuando miras mi niña vigilancia. No dejes que la luz se desmorone. No dejes de mirarme. . 4 diciembre 2008

Noche fría

. A los otros fríos y soledades, que son verdad, aunque no siempre salgan en los telediarios . ¿A quién habla la noche cuando es fría, cuando el viento es un sable en la mirada, cuando duele la piel del mundo helada, cuando hiela hasta Dios? ¿A quién diría la noche que no quiere no ser día? ¿A quién le contará su madrugada que se teme vencida, derrotada, sol dudoso, incapaz tras su agonía? Qué soledad tan grande, tan perfecta, la de la noche al cabo, qué locura gemir sin voz ni pena que la nombre. Cuánto olvido en su lágrima incorrecta que no sabe llorar, que se tortura porque hiela las lágrimas del hombre. . 2 diciembre 2008 .

La sombra

. . Sólo la oscuridad, sólo tenerte confusamente oscura; sólo ajena, a punto de no ser; sólo tu arena, el resto de tu tierra. Sólo verte en niebla indefinida, padecerte ausencia horizontal que el día estrena sin ser día, sin ser aurora plena, sin ser tú. Mirar… y suponerte. Sólo indagar tu sombra enajenada, ese resto de ti que el sol olvida y esparce por el mundo, indiferente. ¡Sólo tu confusión desdibujada! …Y a la luz castigar por distraída por sólo merecer tu sombra ausente. . 27 noviembre 2008 .

El corazón del guerrero

. . El otro día leí que hay glaciares inmensos bajo la superficie de Marte, agua que aguarda eleáticamente, desde hace millones de años, tal vez para aplacar la sed de unos lejanos visitantes. Eso al menos han pensado en la NASA: una mina de posibilidades bajo la cobriza coraza de un planeta muerto. ¿Quién podría extrañarse? El corazón del guerrero alberga un mar de helada indiferencia, un subterráneo desamor de ausencia y frío que deja, sin embargo, el reguero encendido de su sangre cuando cruza la noche. El corazón del guerrero es la implacable demolición de cualquier fracaso. Los contrarios acaban con Parménides y Heráclito es verdad después de todo. Del hielo nacerá el calor, del invierno eterno el provisional verano. Porque, nos guste o no, eso es la vida. Vivir no es abundar en terciopelos para poder acariciar dulzuras decadentes. Vivir es estrellarse con la nada, descubrirla de pronto, dolerse en su combate. Y seguir, ajeno e indiferente, convencido de que al cabo no es inútil l...

El “e-mail” del caballero

. Qué cosas tiene este hombre que, de “caballero inactual”, ahora parece quererse atemporal y caballero. Un “email”, que le cuadra menos que a mí la simpatía, unas pocas palabras… Amigo mío, le adjunto unas seguidillas que, aunque no se lo crea, son de verdad. No son “seguidillas compuestas”, que viajan con coda, sino “simples”, que a mí me nacen del corazón y sus razones. No le envío mi domicilio porque ahora mismo vivo en ninguna parte. Ya le contaré. No sé qué tendrá que contarme, pero como yo sigo en huelga –que no holganza– de palabras, he aprovechado el latido de ese corazón anacrónico para que suene el silencio de este otro envejecido. Sin querer me dijiste que me querías, esas cosas te pasan por distraída. Por mirar de reojo, por no mirarme, por dejarme a la suerte de un tal don nadie. Por cruzarme contigo sin tu mirada, pasajero del día, sombra nublada. Que ni sombra me dejas que me permita: un solar que la luz nunca visita. Sin querer, mira que eres, y yo sabiendo: ¡estocadas...

Nada nuevo

. Asfixia el mundo, este mundo que se construye desde el juicio acelerado; tan acelerado, que se adelanta a sí mismo, que deja de ser juicio para ser prejuicio, ortodoxamente, “pre-juicio”, algo que volcamos sobre los demás sin darles ocasión de nada, sin saber realmente nada de lo que pasa o les pasa, guiándonos de tres o cuatro señales mal leídas y peor interpretadas, dando crédito al ruido para invertirlo en mensaje, convirtiendo nuestra fantasía en injuria y condena… Por eso he perdido las ganas de escribir. Últimamente ando en tratos dolorosos –y reales– con los años. Con los muchos, por el duelo de ver los escombros de su ruina; con los pocos, por la pena de saber la inanidad de su proyecto; con los medios, por su errático andar tras la opinión de más aplauso… Con los míos, por la inmensa lejanía de mi mismo. No tengo ganas de escribir porque cada día tiene el día menos ganas de serlo , porque todo lo que habrá de establecerse al cabo de vivir puede que sea para nada ; porque t a...

El sueño

. . Tantas veces es cierto que no es cierto, que no es verdad; que tiembla y no sucede; que el aire se estremece y luego cede… Y es mentira… Y no es… Ese desierto, . que se quiere jardín y está cubierto de oscura confusión, un día puede, porque sí, con decisión, adrede desconcertar su mudo desconcierto. . Y desatar un párrafo imposible, la pleamar ingrávida y desnuda de un verbo que se quiere trayectoria. . Y surgir enredada, imprevisible, sólo una voz, la voz, tu voz sin duda; el beso de tu voz o tu memoria. . (23 de octubre de 2008)

La decisión de Teseo

. . Cortar la seda. Cercenar el vínculo. No querer escapar del laberinto amargo ni del monstruo posible que al final nos aguarda. Quedarse aquí, dentro de uno, con la daga sangrando y el último silencio; con el alma asustada y su oscura agonía. No querer olvidarse de uno mismo, de la bestia encerrada que nos sigue esperando cada noche en su cueva, cada noche en su noche sin aurora, eterna o intemporal, cruel, heroica, oscura soledad de piedra y musgo que no sabe los triunfos y sus días. Solos al fin la tristeza y la espada; y el monstruo en su rincón, en su condena, aguardando la muerte, la sangre de decirse, el bramido glorioso de haber sido. (13 octubre 2008)

Noticias del "caballero inactual"

. Melodramático anda este hombre que se me antoja cada vez más raro. Hacía tiempo que no sabía de él, que no me visitaba ni me escribía, que no encontraba sus llamadas perdidas en mi móvil, ese rastreo de imposibles respuestas al otro lado de nuestras inquietudes. Y, mira tú por dónde, ayer, sábado 11 de octubre, me encontré al llegar a casa una larga carta suya. Cinco folios y medio para ser exactos. Me contaba allí experiencias extravagantes, sucesos extraordinarios que ponen en entredicho los límites de la verdad, cosas que para creerlas hay que hacer religión de la amistad. Sí, está cada vez más raro, tanto que su condición de inactual parece empezar a desearse convicta irrealidad, fantasía enfermiza, vanamente encarnada. Mucho me temo que el día menos pensado se acomode en él la doble disonancia del tiempo y del espacio. Un acomodo comprensible, al menos para Einstein. Entre la retahíla de extravagancias, me dejó este poema que transcribo. También extraño que lo firme él, por aque...

La edad de Dios

A mi padre. No están ya con nosotros, ni siquiera entre nosotros. Viven en otras casas; comen en otros platos; hablan con otras gentes. Comercia su palabra con otros asuntos; secuestra su corazón una extraña distancia. Su tiempo marca un orden de sucesos que ya no nos concierne; que alguna vez lo hizo, tal vez, allá por esos años de reciente emerger de la conciencia. Cuando niños, muy niños. Cuando decíamos mal el nombre de las cosas y ellos nos iban inventando la memoria. Y eso, que en nosotros ya es sólo biografía, se hace acontecimiento intraducible en las salpicaduras de su mirada. No son ya de este tiempo. Por eso cuando es octubre, puede ser junio; o cuando martes, domingo. O estar anocheciendo y ser temprano; o ser ayer sin haber sido nunca. No están ya con nosotros; aunque a veces nos encontramos con ellos en el relámpago de una frase. Un destello momentáneo, un cruce fugaz, como a traición de su locura (¿o será nuestra?), en que parece posible lo que jamás podrá ser...

El jardinero

. Las poquitas ganas que le van quedando a uno de casi todas las cosas; la gota de amargor inevitable que no renuncia a caer sobre la piedra de cada día… Y su advertencia, su amenaza de convertirse en desbordada precipitación sobre el punto, antes granítico, de una inútil resistencia. Las horas y las horas, los libros aplazados, los poemas perdidos, la distracción del sentimiento en un recuerdo hermoso, la presunción del alma frente a un deseo no posible… Llega un momento en que la vida se queda de pie y no puede sentarse, sólo mirar al día siguiente renunciando a su discurso. Y aguantar el temporal. Seguir de pie a pesar de todo. Respirar, a pesar de todo. Hablar, a pesar de todo. Intentar pensar… a pesar de todo. Y en algún rincón, profundo y propio, cultivar un jardín que nadie entiende; que a nadie importa; que no es fundamental ni necesario; que no sabe a qué es debido que haya rosas en otoño; que no puede, sin embargo, evitar que septiembre –octubre casi– huela aún a primavera so...