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Entradas

Cosas de otoño y del alma

. . Ocurre cuando otoño se olvida de tonterías y se acepta sin más, cuando deja de coquetear con lo que ya no puede ser y se decide a sí mismo, a la arrogancia melancólica de sí mismo, a los fríos improvisados, a las primeras lluvias. Ocurre una tarde cualquiera de temprano octubre si es un otoño serio y como Dios manda, o de octubre tardío –de octubre casi noviembre– si es un otoño-viejo-verde y galanteador, un otoño de ésos que tanto pasan últimamente porque, como todo, quiere alargar su verano más allá de lo posible. Ocurre de repente. Miramos a través de la ventana, y el día está en silencio. Llueve, y la luz no suena. Y el sol, el último sol del último verano, se hace nudo en la garganta del paisaje. Ocurre sin querer –quiero decir, sin que nosotros queramos– a lo largo de siempre. Miramos a través del alma, y el mundo está en silencio; y nosotros estamos en silencio… Y el sol, el último sol de la última hazaña inviable, se hace nudo en la garganta de la vida. Porque sabemos, co...

Sueños

. . Hay horas que jamás tuvieron días para ser y contarse, horas rotas que giran en el cielo por órbitas extrañas soñando aterrizar en un reloj cualquiera. Son horas con sucesos prodigiosos que conservan un tiempo que no ocurre ni nunca ocurrirá porque la historia sólo es fragua de hazañas sin sorpresa. Pero a ellas les da igual: como el polvo de un astro reventado, giran alrededor de días hostiles por la pureza de no haber sucedido. A veces cae alguna en la atmósfera de un sueño y deja un arañazo en la razón del hombre, un reguero de luz como una estrella de ésas que no lo son y aran el cielo. A veces pasan cosas en el alma que no ocurrieron nunca, que no tuvieron días para ser y contarse, ni nunca tendrán horas donde escribir el tiempo. 23 octubre 2011 .

El pensamiento breve

. . Ni la verdad ni la esperanza ni la justicia consisten en “gestos” o “frases”. Éstas, las sentencias sorprendentes –a que tan adicta fue mi generación–, son la consecuencia de una entrenada cultura, de un ser humano troquelado por los mensajes breves y acostumbrado a reaccionar ante los relámpagos, más o menos impactantes, de un anuncio . Porque si el pensamiento es más largo que un destello, ya no se soporta; sólo aburre y, por consecuencia, se ignora. La cultura que nos queda está hecha de flashes, configurada por unas lucecitas que destacan ocurrencias puntuales mientras dejan en sombras la causa real y ciegan la posibilidad de pensar su “y-luego-qué”... Guste o disguste, nuestro tiempo es de titulares y efectos especiales; un tiempo leído en pancartas más que en libros, súbdito de la publicidad y el marketing, siervo no consciente de serlo, que es la más triste de las servidumbres humanas. La promisión de la justicia futura recurre a los mismos mecanismos que la comercial promo...

El escéptico

. A mis años es muy difícil reconvertir la fe. Si se tiene, naturalmente; si no se tiene, es imposible crearla, por mucho que digan. El hombre es un animal que siente libremente –alegría, tristeza, desesperación, confianza, indignación, beneplácito…– y que sabe que siente. Después, es un animal que piensa y cree saber lo que piensa. Pero ya no siente, ya ha convertido su sentimiento en una red de ideas; no platónicas, que son por sí mismas; sino cartesianas, que son por el pensamiento. A partir de entonces, el hombre cree verdad lo que aquél urde. Y lo adora y lo convierte en proyecto. Así nacieron todas las ideologías: de un sentimiento real que “se” pensaba libre. Pero también así murieron todas: de un “pensar adiestrado” ya incapaz de sentir nada. Por eso cometieron todo género de iniquidades, porque ya no sufrían con el dolor de nadie ni gozaban con la felicidad de ninguno, sólo aspiraban a atrapar en su red de ideas a todos los hombres. Es ley de vida. O, mejor dicho, ley de histo...

La tristeza de Teilhard

. . …para un marciano capaz de analizar tanto psíquica como físicamente las radiaciones siderales, la primera característica de nuestro planeta sería ciertamente la de aparecerle no ya azulado por sus mares, o verdeante por sus bosques, sino fosforescente de Pensamiento. Teilhard de Chardin. El fenómeno humano. Demasiados iconos prescindibles. Demasiado cartel de signo vacuo. Demasiadas palabras sin palabra que merezca la pena haberse dicho. Demasiada señal por todas partes. Por aquí, por allá… Por las moléculas del aire tembloroso. Por la tinta común de los bolígrafos… Por páginas de blanco maltratado o autopistas de apremiante vaivén y banda ancha. Demasiado de todo… Demasiado algoritmo sin cálculo y propósito creyéndose ecuación innovadora. Demasiado de nada que se quiera lo bastante a sí mismo. ............................................ Enajenada, cruza la noche el alma como un astro que supo amanecer... Y atardeció, costra seca de sombra en el vacío. 11 octubre 2011 .

Películas viejas

. . Cuando yo era niño, es decir, cuando el tiempo no existía, se ponían muchas películas de submarinos. Había en ellas, naturalmente, buenos y malos ; sin paliativos, porque mi Era es anterior a la Corrección Política: a. C.P. (un “aséptico” indicativo cronológico, por cierto, que desde aquí propongo a la “delicada” estupidez de los muchos “puros” que en Occidente habitan; la BBC, por ejemplo). Según cayeran unos u otros por encima o debajo de la superficie del mar, yo sufría más o menos. Pero siempre se repetía una escena “clásica”: el destructor descubría al submarino y empezaba a hacerle la vida imposible. Entonces, el submarino se iba al fondo. Y se detenía. Y se quedaba en vilo, a enorme profundidad, con su inmóvil tripulación sudorosa, escuchando el bip-bip creciente del sónar y temiendo la ocurrencia de lo peor bajo las cargas de profundidad de los buenos –o malos , según correspondiera–. Si las cosas iban bien, el bip-bip se diluía lentamente y acababa perdiéndose en un...

Discurrió en ambiente festivo…

. . Trabaja, y mientras trabaja masculinamente serio, se unge de lluvia y se alhaja de carne de cementerio . Miguel Hernández No lo entenderé nunca, por más que lo lea con agobiante frecuencia: “la manifestación se caracterizó por el ambiente festivo…” Si uno fuera extraterrestre y estuviera recién caído en la Tierra, pensaría que la gente se sentía feliz, que celebraba algo extraordinario, tan extraordinario que lo festejaba en las calles con volatines, tambores y panderetas. Lo que pasa en el mundo, lo que pasa en España, lo que entre nosotros ocurre (mejor dicho, lleva ocurriendo veinte años) en “educación”, es tan dramáticamente serio, que la escenificación jocosa de sus consecuencias resulta ofensivamente patética. No hay que quemar contenedores ni romper escaparates, por supuesto; pero tampoco hay que deambular, estúpidamente sonriente y “disfrazado”, para denunciar la incompetencia de quienes nos gobiernan o la injusticia con que lo hacen… A no ser que la denuncia sea una estafa...

La verdad, ese humano deber

. …Quid est veritas? La verdad es una obligación. Para el ser humano, naturalmente; para las demás criaturas, no. Las demás criaturas son lo que les ha tocado ser. Y no encuentran problema en ello; por eso los geranios se limitan a ser geranios y los saltamontes, saltamontes. La verdad para la naturaleza es la herencia del tiempo acumulado. Las plantas y los animales sólo tienen que vivir de aquélla e invertirla en la prole que habrá de sucederles. Ellos sí que pueden decir que “el mundo está bien hecho”; o, simplemente, que ya está hecho. El hombre, sin embargo, nace sin riqueza y sin verdad. Su herencia es pobre; miserable, diría: apenas tres o cuatro muebles para adornar un edificio desnudo. Y a partir de ahí, tiene que hacerlo todo: descubrirse, ganarse, reinventarse, quererse... ¡Todo! El hombre es el único animal construido naturalmente para conocer el mundo a costa de no saber de sí mismo. Por eso estamos en las metafísicas antípodas de la vida: todos los seres menos nosotros s...

La gota

. . Una gota no es una nadería. Una gota es una debilidad inexplicablemente poderosa; un ser precario y dulce que aún no quiere romper acantilados. Una gota es una transparencia, esférica y humilde, capaz de desmontar la opacidad extraña de las cosas. O una metáfora sucinta de la paciencia, de por qué la paciencia ya no puede seguir siéndolo. Una gota es mucho más que la nonada que se queda colgando de las hojas después de una tormenta… Es la sinécdoque de Dios bajo unos ojos cuando el mundo es inicuo… Es el resumen del alma que empaña la mirada poco antes de arrancar al corazón lo imprevisible… Una gota es el limes de la ira que advierte la razón de una tristeza inmensa. 9 septiembre 2011 .

Yo invito

. Qué le vamos a hacer: no hay forma humana de que llegue alguna vez a “coincidir” con ningún “colectivo”. Tonto de mí, supuse que al final, que tengo ya muy cerca –profesionalmente, claro, porque el otro llegará cuando se le antoje–, estaba a punto. Pero no. Tampoco ahora. Al cabo, tendré que morirme “sin gente”. ¡Manda narices! Según parece, todo lo interpreto mal. Yo no soporto que un indocumentado insulte mi oficio. Y alguien, menos indocumentado que intencional, lo hizo. Esto se me antojaba prometedor. Pero tampoco: detrás de los jinetes sólo había un racimo de cañones oxidados y antiquísimos. Es otro error, o es otra clase de indecencia, insistir en el conflicto miserable de las malditas “dos horas lectivas”. El problema no es ése. Los tiempos que corren tendrían que apuntar a otro tipo de voluntades. La Administración debería ser valiente. Ni ofensiva ni engañosa ni seductora. Y nosotros, alardear de gallardía. No gemir para exigir que todo vuelva a ser lo que antes era, sino d...

Carta abierta de un profesor madrileño a su Presidenta

. Sra. Presidenta: Hoy, domingo primerizo de recental septiembre, voy a robarme unos minutos de mi “acostumbrado descanso” para escribirle unas palabras a las que usted, naturalmente, no va a dedicar un solo segundo. Pero lo entiendo –yo soy así, afable y comprensivo–: usted tiene muchas cosas que hacer; yo, sin embargo, soy una especie de “okupa” en su Administración que sólo dedica unas pocas horillas de su vida a parlotear en las aulas. El asunto que me preocupa tiene que ver con una impertinencia suya –dicho sea sin ánimo de ofender y según la primera acepción que la R.A.L.E acomoda a la palabra susodicha–. Al parecer, y como consecuencia de la inquietud del profesorado ante los ingenios con que su gobierno quiere poner freno a la “crisis”, nos ha dedicado usted algunas perlas verbales como ésta: "Sabemos que les estamos pidiendo un esfuerzo especial, pero 20 horas son, en general, menos de las que trabajan el resto de los madrileños." Insisto en la “impertinen...

Septiembre de 2011

. . No tengo ganas de septiembre. No tengo ganas de hacer recortables con el alma ni de mirar paisajes que no existen ni existieron, ni van a existir nunca. No tengo ganas de empezar otra colección de sueños en fascículos para no acabarla nunca. No tengo ganas de septiembre –que ya está, como quien dice, a unas pocas zancadas, a un puñado de horas en el calendario–. Esta vez no; esta vez estoy septembrinamente desganado. ¡Sabe Dios por qué! Bueno, Dios y yo; porque, aunque me esté mal decirlo, de las cosas que tratan sobre mí, sólo Dios y yo tenemos conocimiento. Esto irrita a mucha gente, sobre todo a quienes encanta invadir el alma ajena. La mía es “territorio comanche”, que, como Pérez Reverte afirma, es “el lugar donde el instinto dice que pares el coche y des media vuelta”. No tengo ganas de septiembre porque su tierra prometida es yerma: apunta a lo de siempre, que después se hace nunca, y se ampara en sepulcros blanqueados; pervierte mentirosamente el horizont...

Raptar una sonrisa

. No tiene la menor importancia. Es un recuerdo galante que apareció en mis viejos “atardeceres” un doce de marzo de hace casi un lustro. Se trata de un soneto vanidoso que naufraga en su desencanto y al final se refugia en la irrealidad de otros mundos paralelos. Es un racimo de palabras arrancado de la mecánica cuántica. O de Borges, tal vez, y sus extraños jardines con “senderos que se bifurcan” ilimitadamente. Hoy me ha apetecido recordarme. Perdón una vez más por ser innecesario. . .

El sueño

. . Anoche tuve un sueño extraño. Todos los sueños lo son, pero algunos más que otros. Era inocente, sencillo, sin ninguna advertencia inquietante. Sin embargo, lo sentí terrorífico. No sé por qué, probablemente porque el terror es tan inexplicable como todas las afecciones que padece el alma. Trabajaba yo en no sé qué rara ocupación que me exigía atravesar largos corredores. Siempre iba de un lugar indefinido a otro indefinible. Y lo hacía corriendo. Atlética y elegantemente por cierto, lo que no creo sea definición precisa de mi modo de correr. En una de esas idas y venidas empezaba a oír a mis espaldas, muy lejos, el ruido metálico, armónico y constante, de unas muletas; algo parecido a los inquietantes paseos del capitán Ahab sobre la cubierta del Pequod . Yo seguía corriendo a una velocidad deliciosamente olímpica. Sin embargo, las muletas, constantes y armónicas, sonaban cada vez más cerca. No lo entendía: la lógica de los sueños es, en el fondo, tan incontestable co...

Cristo, Lope y Velázquez

. Amo el XVII –creo que es evidente en mi perfil–, no porque este siglo alcanzara ninguna perfección especial, sino porque tenía una grandiosa esperanza. Soy consciente de que había tristeza, dolor e injusticia –tánto de todo y más de cada cosa de lo que hoy pudiera imaginarse–. Sé que había tiranía y traición. Y crimen y pordiosería, una enormidad de pordiosería… Sé de todo eso –¡por favor, no me lo cuenten de nuevo!– Pero la verdad es como la hiedra: puede trepar y alzarse cuando encuentra el muro de un edificio consistente, o desmayar su esperanza si la pared no es más que una tienda de campaña. Entienda quien entenderme quiera. Aunque me da lo mismo que lo haga o no. En todo caso, Lope habló de esta verdad con brillantez sublime y Velázquez bordó tanta trascendencia en la bendición irrepetible de sus pinceles. Yo sólo puedo ponerles voz y admiración… Y dedicarlo, de paso, a unos dos millones de jóvenes, más o menos, que esta última semana han avivado su recuerdo. ...

"...y más educación"

. PROTESTA EN MADRID contra la visita papal Varios miles de manifestantes reclaman "menos religión y más educación" Jueves, 18 de agosto del 2011 (elPeriódico.com) . Me parece normal que reclamen educación. A costa de lo que sea. Es verdad: sin educación el hombre no se convierte en un idiota, sino en un absurdo, en una realidad prescindible que ya no puede ser animal –porque genéticamente se le ha olvidado– ni en sí mismo –porque no recibe la posibilidad de serlo–. Cosas parecidas ya las pensó Aristóteles. Se refería él a la sociedad, que –como todos sabemos– es la arquitectura diseñada en los planos de la educación y sin la cual el ser humano se queda indefinido en un limbo donde no llega a ser dios, pero tampoco la bestia precedente. Aunque, a veces, ni sociedades ni tiempos saben gran cosa de Aristóteles. Lo que tampoco parece importar a éstos ni a aquéllas. Sobre todo si la indignación de las últimas se convierte en indignidad; o en otros “in” más patétic...

Iconoclastas

. . La iconoclasia es contraria a la razón –las matemáticas son tan icónicas como el Jesús de Medinaceli – y proclive a la engañifa –los no-iconos de los iconoclastas son tan iconos como los que más–. Unas veces la iconoclasia propende a la soberbia individualizada, particularizada, pormenorizada en la breve importancia de cada uno; otras, no es más que adoración nirvánica de la cobardía humana al interpretar cuanto supera su presunta valentía. Porque el hombre es un animal que irrumpe en la vida para llenarla de símbolos, para engrandecer aquélla a través de éstos. Un iconoclasta puro, rigurosamente puro, acabaría demoliendo las palabras, destrozando los conceptos y regresando al árbol del primate más rudimentario que se negó a ser tan rudimentario. Pero nuestros iconoclastas no son tan iconoclastas; en realidad, son iconoclastas a medias, espurios… ¡Simples traficantes de iconos! Porque nada hay más icónico que el poder, la riqueza, la soberbia, la gloria…...

Leyenda Negra

. . Te hablaré de Van Gogh a mi regreso. De Rembrandt, claro está; de los canales y de algunas tristezas veniales que se deja un adiós después de un beso. Te hablaré –y es mentira, porque eso de hablarte no es real– de flores tales que aprenden a venderse en las postales y negocian la luces de su exceso. En Coslada, Madrid, después de ahora, de este ahora difuso entre dos luces, te hablaré de la historia y sus quehaceres. Y de un grano de polen, de un espora que el tiempo malsembró en sus contraluces y regó con dolor y atardeceres. 7 agosto 2011 (Perdón por el silencio de estos días: estaré ausente una semana… Paseando por Ámsterdam). .

Oficio humano

. Para Lola R. M. A veces, alguien cercano pasa un mal trago y tiene que cruzarse con un dolor que no se pudo evitar... Sin embargo, seguimos haciendo la vida de siempre… Y no entendemos que esto sea posible, que pueda uno abrir el mismo frigorífico y beber la cerveza acostumbrada, o consultar el mismo periódico y saber de las mismas cosas de todos los días mientras alguien, cercano, se cruza con un dolor que se empeñó en ser inevitable. Pero entonces, uno –que nunca ha sido gran cosa– se da cuenta, además, de que también sigue haciendo la vida de siempre mientras alguien, cualquiera, una enormidad cotidiana de la que todos los días habla el mismo periódico, sufre un dolor evitable, inevitable o trágicamente irreversible. Y es entonces –mientras alguien querido se cruza con el dolor– cuando uno se da cuenta de que ser hombre es una crueldad imperdonable… Porque uno sigue haciendo lo que siempre hace, y el sufrimiento, exactamente lo mismo que siempre hizo. Supongo que esto es una tonte...

Otra forma de entender agosto

. Todos sabemos que agosto es a febrero lo que al invierno el verano. No hay que ser experto en razones matemáticas para darse cuenta. Al día tres, que es hoy, le queda de estío casi lo mismo que a San Blas le falta hasta la primavera. Agosto tendría que ser tan loco como el amputado mes de las extravagancias. Y lo es de hecho: si en éste el perro busca la sombra, en aquél el frío sorprende al rostro. Lo proclama el refranero, que es sabiduría sin cátedra ni tarima, pero sabiduría de muchos quilates. Claro es que después de febrero viene otra cosa, más jovial, más multicolor, más gozosa… Algo que, en cada amanecer, ve aumentar la alegría en los solares de Deméter. Agosto, sin embargo, es prometeico: su futuro es lo que queda después de una osadía, después del calor y el fuego, después de la hazaña que nos permite vivir, no vacar, sino vivir. Agosto sólo espera a las águilas de otoño hurgándole en el alma; al desgarro cruel de la memoria y la vida. Pero, a pesar de todo, agosto es bello...