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Entradas

Dudas angustiosas

¡Que en tan poco tiempo tal lengua entre cristianos haya! Lope de Vega Me llegaba días atrás, por vía de esas enredadas sendas de los smartphones , una nominal candonga que me llenó de dudas gramaticales. Referíase la misma al jugueteo inclusivo con el término votante, que en su triple, y hoy por algunos aplaudida, morfológica flexión penduleaba de votantes a votantas y de votantas a votontos . Con independencia de que en el último caso se ejerciese cierto forzamiento en el lexema a fin de hacerlo chistoso, despertome la angustiosa incertidumbre de cómo se habría de aplicar en la nueva gramática la concordancia de género en palabras comunes al respecto (tan justamente denostadas, por cierto, debido a la heterocontaminación despreciable y patriarcal de nuestra Historia). Pensaba yo si a los cantantes habría de referirse uno añadiendo cantantas y cantontos, aunque más justo me parecía, para obviar el forzamiento chistoso antes dicho, emplear cantantos que, aun sonando igual d...

Aclaraciones sobre "La escala animal"

    La entrada de hace tres días hablaba de algunas tragedias que, he de reconocer, no dejé muy bien definidas. La causa de tal imprecisión fue sin duda que el texto, más que un texto, era un puñetazo de ira en el teclado; un estallido emocional ante la barbarie de ese acto aberrante que es matar un niño. Un acto, por cierto, en que las manos sucias se multiplican hasta llegar a implicar, en muchos casos cotidianos, la de todos nosotros. Las tragedias, que con tan precaria definición redacté, se referían   a las siguientes pequeñas almas: Pescaíto era, evidentemente, Gabriel Cruz, el delicioso chavalín de ocho años que tuvo en vilo a toda España hasta el doloroso desenlace de su hallazgo. Lo mató una maldita mujer Aylan , claro está, se refería a Aylan Kurdî, un angelito de tres años cuya foto de sueño sin vida boca abajo en una playa de Turquía conmovió al mundo entero. Lo mató la huida de una maldita matanza contra su pueblo, que él ni pudo saber jamás cuál era. ...

La escala animal

    El mundo es una pesadilla. La vida es una pesadilla. El hombre es una pesadilla... Me avergüenza escribir. Todo acaba repugnando. Me da asco todo lo que rodea nuestro tiempo. ¿Verdad,  Pescaito? ¿ Verdad que a tus ojos de estrellas también le repelen los días que embadurnamos con tanta maldad? O a ti, Aylan, ¿verdad que tus niños pulmones, cruelmente ahogados y ya en tanto olvido, reclaman justicia a todos los hombres? Y tú, oscura tristeza, siempre sin nombre, con tu cuerpecito rodeado de moscas en un lecho sucio, ¿no nos exiges a todos nuestra anónima parte de culpa? A veces hasta invocando “grandes ideas”, reventamos el alma a los niños. La madre que os… ¿Verdad, Mari Pili, que fuiste robada a los días que te correspondían con sólo ocho años por un miserable estallido en un patio de paz donde estabas jugando? Y días atrás, un juicio en Godella... A unos padres de mierda y de vómito. Y tantos... Y tantos... Y hoy… Maldito sea hoy! Maldito sea el ho...

La rosa y el eterno retorno

                             ¡La eterna clepsidra de la existencia dará vueltas incesantemente, y tú con ella, polvo del polvo!                          F. Nietzsche (La Gaya Ciencia)                                       De pronto una luz nos confunde. Besa un jardín, una rosa. Descoloca un tiempo mal vivido…   Y se confiesa al resplandor la sombra que provoca.   Piensa la oscuridad, hace memoria de un entonces sin ser, ninguneado, confuso, disponible en otra historia; inesperadamente iluminado.   Un entonces que el alma no sabía y cree saber de pronto, sin paisaje ni calendario ni lugar ni día; un nunca de ontológico coraje...   Mientras, la luz eterna y sile...

La decepción inesperada

  Cuando uno se cansa de todo, lo mejor es dejar correr la pluma para bajar la presión del alma. Libre, suelta, sin rienda de argumentos, ni brida de razones. A su antojo por todo lo que ocurre o no llega a suceder; como un vilano de esos que soplábamos de niños para verlo arroparse con el viento y llegar donde no nos alcanzaba la vista. Cuando uno se cansa de la tierra que habita y de la gente que arroja la verdad por la borda de mezquinas intenciones; o detesta los días que pasan escupiendo a la Historia y las páginas falsas de luces sombrías, y los lobos que aúllan a lunas que no existen. Cuando uno se cansa de todo y, mire donde mire, sólo ve oscuridad... Oigo y leo a notables personalidades que discursean lamentando su decepción ante el inesperado (?) desmadre de botellones, gritos y borracheras que han sucedido tras el súbito final del estado de alarma. La verdad es que no puedo evitar la pregunta: ¿son tontos o simplemente se lo hacen?   ¿De verdad alguien podía espe...

Madrid, Madrid, Madrid...

Nací en Madrid. Hace ya mucho tiempo desde luego. Hijo de padres y nieto de abuelos, por ambas ramas, también de Madrid. Mi alumbramiento ocurrió en Chamberí y mi educación en “La Prospe” (el viejo y también castizo barrio de “La Prosperidad”). De esta cadena de sucesos intrascendentes (para el mundo, no para mí, claro está) se desprende que soy irremediablemente madrileño. Y lo cierto es que, de un tiempo a esta parte, siento casi la obligación de pedir perdón por ello. La verdad es que no sé por qué, pero es incontestable que, por gracia de unos políticos que parecen despreciarnos, cuando no somos culpables de ser verdugos, lo somos de ser víctimas. No son pocos los figurones de Comunidades que con los vaivenes de la pandemia han aprovechado para arremeter contra los madrileños (no ya contra su gobierno, sino contra sus ciudadanos) cerrándoles las mismas fronteras que babeaban por abrir a otros viajeros. Y no quiero decir que el cierre fuese o no loable exigencia sanitaria, sino que ...

Divinas palabras

Sin ánimo de ofender y con terapéutica cortesía, no tengo más remedio que reconocer la aparición de un trastorno, de rasgos inquietantemente neuróticos, entre algunos hablantes de nuestra lengua. Como bien es sabido, la neurosis es una afección leve que se caracteriza por la respuesta indebida y desmesurada a estímulos inocuos. Yo, por ejemplo, no soporto ver un botón encima de una mesa. Reconozco que es una estupidez, aunque por fortuna mi neurosis es enteramente inocente: no perjudica a nadie ni se traduce en ningún tipo de obsesión didáctica hacia los demás; quiero decir   que ni por lo más remoto se me ocurre pretender aleccionar a nadie sobre la idiota peligrosidad de los botones abandonados en las mesas. Pero cuando no se da esta adversativa fortuna, la gravedad del síndrome preocupa. A mí por lo menos. Es el caso que, de un tiempo a esta parte, se han encontrado pacientes que, al hablar castellano (particularmente castellano, sí; especialmente esta maravillosa lengua), hál...

La puerta de la casa

  Me sentaré otra vez delante de la casa, a la puerta del alma en los barrios del mundo. Transcurrirán las sombras por sus horas, los meses por sus años. Vendrán días lluviosos y fríos. Vendrán inviernos y vendrán veranos. Y otoños y primaveras luminosas. Repetiré virtuosas palabras en voz alta sin que nadie se detenga a pensar quién ni por qué las dijo. Veré cruzar los astros. Veré a los gorriones correr dando saltitos, picoteando aquí y allá. Veré llorar, reír, amar, temer... Veré pasar, pasar, pasar… Me sentaré otra vez delante de la casa, extrañado como siempre, pero un poco más viejo, más solo, más acostumbrado a la desesperanza. Porque, al cabo, veré pasar de nuevo sus derrotas. Y no sentiré nada, ni alegría ni pena ni tristeza. Acaso un poco de piedad o algo de confusión por lo que hicieron... Acaso un enorme dolor por habitar la muerte.         Marzo 2004

Una delicia...

  Es una delicia. En general, el mundo siempre ha tenido personajes pintorescos. Pero hay tiempos y espacios en los que parece cebarse el azar de su conjunción. Nuestra tierra es fecunda en ellos. En este sentido, creo que es justo reconocer la espectacular brillantez que lustra nuestros días. La intriga, la improvisación, la mímica, la ficción, el estereotipo, la explotación del tópico… Son rasgos inseparables de este pintoresquismo nuestro, tan racial, tan sin autor que, no obstante la tilde de vulgaridad que suele empobrecer su palabra, merecería figurar como un renacimiento de la antigua Comedia del Arte. Cierto que a veces provoca indignación, pero no menos cierto es que otras invita a la sana y liberadora carcajada con que, mal que bien, podemos atenuar los dolores y males, presentes y por venir, de la maldita pandemia. En nuestros Parlamentos hay grandes histriones y entre nuestros histriones hay grandes parlamentarios (lo que corrobora mi consideración anterior de que el ac...

Palabras por las palabras

  No las busca uno. No es verdad, aunque así se piense. Son ellas por lo general las que te eligen. En un primer momento, cuando los años se cuentan por distracciones, es cierto que se reservan, que se guardan como cromos intercambiables entre las páginas de los libros. Pero después se absorben, se extienden sobre uno como un manto de sal para impedir que el alma se deshidrate. Se convierten, al cabo, en una retícula inmensa que filtra las soledades en sus noches, que arropa las esperanzas con sus días. Siempre están ahí, al alcance de la mano del silencio. Su lealtad encuadernada resiste los embates más crueles, las advertencias más adversas, la desolación más intratable. Nacieron para cultivar la verdad y la belleza y nos eligieron para que las amáramos. Sin ellas no es posible nada. La pobreza es perderlas por desamor en su trato; la miseria, no haberlas descubierto nunca. Merecerían ser mujeres porque si nos faltaran, no habría humanidad ni tiempo digno, pero se conforman con...

Campanadas y soledades

  Se fue con un sabor amargo entre los labios. Se fue sin palabras ni besos. Se fue   con un inexplicable alejamiento de todo lo que era. Sin los suyos, sin el humilde plural de los que amaba. Confuso, abandonado, inerme… Se fue como los otros, los muchos que advirtió la última vez que pudo abrir los ojos, los convocados por un maldito azar de diabólicos puñales que reventaba los pulmones e implacablemente los asfixiaba. Murió como murieron todos, cercado por la soledad y a traición de los relojes con los que aún creía que podía contar. Le quedan pocas horas a este año maldito, este año que arrinconó nuestras razones contra nuestro desconcierto y nos puso cara a cara con la muerte en su dimensión más amarga. Porque morir no es lo peor que puede pasarnos, lo peor es la forma de morirnos. La soledad, la lejanía, el apartamiento de quienes quieres, de quienes más quieres, de tus hijos, de tus nietos; la negación de una última palabra, de un beso, de una caricia; la insufrible c...

El príncipe y el monstruo

  “Entra rápidamente Calígula. CALÍGULA.- Perdonad, pero los asuntos de Estado son urgentes. ( Al Intendente ) Intendente, harás cerrar los graneros públicos. Acabo de firmar el decreto. Lo encontrarás en la cámara. EL INTENDENTE.- Pero... CALÍGULA.- Mañana habrá hambre. EL INTENDENTE.- Pero el pueblo va a protestar. CALÍGULA ( con fuerza y precisión ).- Digo que habrá hambre mañana. Todo el mundo conoce el hambre, es una calamidad. Mañana habrá calamidad... y detendré la calamidad cuando me plazca…”   El fragmento pertenece al Acto II de Calígula, la inolvidable pieza teatral de Camus. Cayo César, como también se le llamaba, es uno de los emperadores romanos en que la arbitrariedad del poder alcanza los niveles más inimaginables. Suetonio, en Vida de los doce césares, hace una pormenorizada exposición de los actos terribles de este Calígula al que llama “monstruo”. Previamente, sin embargo, ha referido el mismo historiador las acciones del Calígula “príncipe” q...

Entre la posverdad y la preverdad

  Veritas? Quid est veritas? Se preguntaba escéptico o irónico Pilatos en su inesperado encuentro con la Trascendencia…   Nosotros ya no nos hacemos preguntas de ese calado, ni siquiera escéptica o irónicamente. Tal vez porque la Trascendencia ha perdido el interés por nuestra insignificancia o quizá porque hemos adulterado tanto la verdad que somos incapaces de curiosear en sus profundidades. Por lo pronto, de un tiempo a esta parte, la hemos escoltado de compañeras bastardas, muy poco recomendables y aventajadas discípulas del confusionismo y la mentira. Primero fue la posverdad que llegó a adquirir galones semánticos y pudo figurar en el diccionario de la RAE. Por ahí anda ahora una callejera ─todavía─ y no menos repugnante preverdad haciendo méritos para colonizar nuestro vocabulario y, lo que es peor, nuestro pensamiento. De la primera, ya sabemos que, como dice el DRAE, es deliberada distorsión de realidades y manipulación de creencias, esto es, magisterio de demago...

El imperativo categórico, la pandemia y la lejanía moral

  La formulación, en mi opinión más elegante, del imperativo categóríco kantiano aparece en la Fundamentación de la Metafísica de las costumbres y dice así: obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio. No creo yo que un acto que merezca el aplauso de la recta moralidad pueda apartarse ni un ápice de esa idea de la humanidad como fin   único del mismo. Y no se trata de moralinas o buenismos ortopédicos, esos artificios morales que tantos se calzan para caminar por encima de la basura que ellos mismos unas veces provocan, otras consienten y las más instrumentalizan para sus impresentables ambiciones. Por otra parte, cualquier concepción del ser humano pensada con mayúsculas (soy consciente de que en estos días hay punteras personalidades a las que esto les resulta imposible) es moralmente incompatible con las ideas de medio o instrumento, es decir, con su cosificació...

Delirios decadentes de un viejo platónico

Un día te levantas y descubres que el alma cojea, que apoya el pie sutil en un vacío y pierde el equilibrio porque no encuentra el cuerpo donde habita. Y se tropieza. Y cae entre los muebles de siempre, que siguen donde siempre con esa parmenídea vocación de ser refugio de las sombras. Porque las sombras se quedan pegadas a las cosas, no se mueven jamás de donde estaban, no acumulan paisajes ni aventuras nuevos; ni sucesos comunes o infrecuentes, distintos de sí mismos. Son sólo testimonio imperturbable de un ayer irreal en el que fuimos –quién sabe– un poco más felices de lo que hoy nos pensamos.   Un día, mientras el alma va dando tumbos entre las cosas, que son como el disco duro de nuestras vidas, te das cuenta de que el cuerpo no está ya donde ayer lo dejaste, que en su lugar hay una caricatura tuya, ajada y derrumbada, sin brillo ni vigor, sin carnal entusiasmo. Una carcasa estrecha o ancha que se ajusta en modo horrible a las ideas que de ti te quedan. Algunos se rebelan e...