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Entradas

Ser hombre

  Aunque parezca mentira a estas alturas de la Humanidad en que estamos, es asunto de capital importancia determinar, definir, promocionar y etiquetar que “es”, primero, y que “debe ser”, después, el “hombre” (léase en este caso como varón y no como especie). La tipología al respecto establece dos categorías fundamentales: los “machitos”, por sí mismos considerados "machos" o "machotes"; y los “blandengues”, que asisten a cursillos para superar su sentimiento de culpa porque son pecadores de un machismo original que heredaron del principio de la especie. A mí, la verdad, todo esto me parece una tontería. Yo sé, como casi todo el mundo, que hay hombres en exceso cercanos al babuino, a los que sería pertinente soltar en la selva más cercana; también sé que hay otros, más amables y expertos, que, sin necesidad de desconocer lo que es un “fuera de juego”, hacen, y saben cómo hacer, las cosas debidas en la casa. Sé que hay hombres mezquinos y mujeres iguales. Sé que hay...

Payasos

Retrocedo por un momento. Estoy aquí, en Coslada, Madrid , como acostumbro. Hoy es martes 12 de febrero de 2008. Por la mañana he ido al instituto. He hablado de Kant, para todos y para nadie , que diría Nietzsche. Al atardecer, me he puesto a escribir estas notas sobre un sueño, sobre una pesadilla que he tenido esta noche: "Siempre he creído que los sueños no son un supermercado de diagnósticos, como decía el Psicoanálisis, sino un confesionario de sinceridades; ese momento y lugar en que uno se dice a uno lo que piensa de sí mismo. Y lo hace descaradamente, sin eufemismos ni medias tintas, tan de frente que la mayoría de las veces ni lo queremos entender. Anoche escuché uno de esos altavoces de la autenticidad mientras dormía. Un sueño extraño, como casi todos los sueños, que en realidad son una clase de células anarquistas que operan en el alma. Estaba yo en un confuso teatro donde vibraba la portentosa voz de un tenor cantando 'Pagliacci'. Más en concreto, esa celebra...

El silencio de las madreselvas

  De joven paseaba por placer; de viejo, por prescripción facultativa. De joven me acompañaban los sueños y sus mentiras; de viejo, las mentiras en que acaban todas las verdades. Porque la vida es así: el cuento de una grandeza que te cierra los ojos un desencanto. Paseaba esta mañana --por prescripción facultativa naturalmente-- sin compañía de sueños ni de mentiras o verdades. Paseaba regalando los ojos con cosas sin importancia, que es como se pasea cuando nos damos cuenta de la cercana caducidad de nuestra mirada. Y pensaba en las cosas sin ella. Un empeño kantiano, naturalmente, porque el mundo sin nuestras almas sólo es posible pensarlo. Tal vez con melancolía; tal vez con nostalgia. Presumir el mundo después de nuestro último viaje, del viaje definitivo… Y entonces me acordé de Juan Ramón: … Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando; y se quedará mi huerto, con su verde árbol, y con su pozo blanco. Todas las tardes, el cielo será azul y plácido; y tocarán, como esta ...

Demodé

  En Coslada, Madrid, por los rincones de una noche de agosto en luna nueva, bajo la oscuridad y a trompicones paseo un corazón que no se lleva. Un corazón vulgar, una tontada al cabo prescindible y compartida: el común equipaje hacia la nada que factura los restos de la vida. Como a un perro que ladra y nunca muerde paseo una pasi ón que no se lleva; su verso es sólo un ruido que se pierde en la noche de agosto y luna nueva. En Coslada, Madrid, donde he vivido con un verbo disuelto en su latido. Coslada 28 agosto 2022

La memoria: del rosa al amarillo

  He leído últimamente varios artículos sobre el deterioro de la memoria en personas mayores y me ha llamado la atención una generalizada coincidencia entre los especialistas sobre las aconsejables prácticas que impiden o retrasan aquél. Yo lo resumiría  señalando que el olvido parece ser hijo de la dejadez. Lo que, en realidad,  podría decirse igualmente de casi todos los achaques de la edad. El caso es que la mejor forma de combatir la desmemoria es, según los expertos, cultivar la memoria. Recomiendan, incluso, hacer ordenados ejercicios con ella: recordar fechas de acontecimientos históricos, recordar los números de teléfono de familiares y amigos, abandonar la dependencia de los móviles u ordenadores… Aprender, vamos, como siempre. Porque lo cierto es que tanto aparato en nuestra circunstancia tiene ese lado oscuro que es el adocenamiento de nuestra actividad intelectual. Se insiste mucho en que para mantenerse ágil hay que hacer ejercicio físico; pues lo mismo, para...

El niño y el Minotauro

Son unos cantos de soleá  un tanto atípicos. Se asemejan por la forma pero poco tienen que ver con lo que decir suelen aquéllos. Los he recuperado porque "me" echaba de menos. Y en este sentido sí; sí que merecen llamarse soleares.  Porque lo son: del niño y del monstruo. A veces cierro los ojos para que no me distraigan de la verdad unos y otros. Y me pasa de puntillas un niño que está jugando con Dios a las cuatro esquinas; un niño que es el que nunca anduvo en los calendarios o se perdió en sus preguntas. A veces me ocurre un niño… Otras, una criatura licenciada en laberintos. En los pasillos del alma, se cruzan en ocasiones sus dos soledades blancas; sus dos miradas sin norte, sin luz, sin tierra, sin mundo, sin renglón en los relojes…  Frente a frente en los pasillos del alma, a veces se cruzan un sueño y un sinsentido. Entonces, el niño aprende melancolías de un monstruo en el aula de la muerte. Y el niño se pone serio; y ya no quiere jugar a las esquinas...

Animales temporales y pedagogía oscura

A Gonzalo, a Irene, a Héctor; algún día lo entenderéis   Somos --perdón, éramos-- animales temporales, los únicos animales temporales de la evolución biológica. Todos los seres vivos sostienen su naturaleza en una balsa de supervivencia acrónica. Por eso carecen de historia. Nosotros, sin embargo, somos los habitantes de la temporalidad. De tiempo se hacen nuestro renglones; de tiempo, nuestros párrafos; de tiempo nuestras amarguras y nuestras alegrías, de tiempo nuestros entusiasmos y nuestros desengaños. Somos narración, discurso, flujo forjado de consciencia y racionalidad; un lujo que la transformación infatigable del cosmos concedió a nuestra naturaleza para que él mismo pudiera entenderse y no sucumbiera a la ansiedad de su ciega inquietud. Somos –perdón, éramos-- los terapeutas del caos, los encargados de orgnizar los días y las noches, los inviernos y los veranos, los ayeres y los futuros. Porque el tiempo es cronología, porque la cronología es orden, porque el orden es –pe...

Palabras para nada y nadie

  ¿Es verdad la verdad, plausible la virtud, respetado el valor?… O algo más doloroso aún, para mí claro está: ¿importan a alguien preguntas como éstas?… ¿Existen influencers, youtubers, tiktokers o streamers que se hayan inquietado alguna vez por tan aburridas rayadas? He hecho tres peguntas y no sé ciertamente qué puedo yo aportar a su repuesta. La primera es mi dolor, porque la verdad, la virtud y los valores en que he soñado vivir se han ridiculizado y escupido al cabo de mi vida. La segunda es mi tristeza porque estoy convencido de que a nadie, o a casi todos de nadie, importa ya qué sean o no sean tan aburridas inquietudes. Y la tercera… La tercera es mi desolación porque ya no pregunto por preguntas, pregunto por “rayadas”; es decir, por prescindibles dolores de cabeza que resuelven sin mayor penuria cuatrocientos miligramos de ibuprofeno. Tal vez la verdad sea la fantasía que ennoblece un despropósito. Quizá la virtud no pase de ser la elegante hermenéutica de un desenc...

El fracasado orden de la memoria

Intento volver al orden de la memoria y sólo encuentro el desorden de mi tristeza. Ni aquél de aquélla ni éste de ésta tienen la menor importancia. Ya lo sé. Sólo son los renglones de dos o tres sueños y la firma implacable de su desencanto. O su desesperación. ¿No merece la pena haber soñado…? Lo que no la merece es el día que al cabo ha amanecido. No me importa morir antes de tiempo si el tiempo de vivir que me queda es el de toda la basura hoy prometida. No me importa el silencio interminable si las palabras que me consienten son necia enfermedad, antojo del poder, capricho de cualquier imbécil. No me importan el olvido, la oscuridad, la nada si la memoria, si la luz, la vida no son más que la vidriosa doctrina del infame. Sólo temo que alcance esta agonía a quienes quiero, al pequeño plural que aún me sostiene. Sólo ellos preocupan mi tristeza. 8 julio 2022

El vino de la nada

  Las batallitas de los abuelos abruman a los oyentes con la agobiante repetición de su ocurrencia. - Ya está el abuelo con sus “Cañones a mi derecha, cañones a mi izquierda, cañones ante mí… ¡Y allí estaba yo!” No, no es éste el caso. Tengo una edad, pero no tanta como para molar de haber estado en la batalla de Balaclava o presumir de haber merecido un renglón en el poema de Tennyson. Mis batallitas son menos grandiosas y nada heroicas, naturalmente. Ésta de hoy, por ejemplo, consiste en rescatar un viejo soneto al que se le estropeó su vínculo al audio (el original se puede encontrar buscando en Archivos del Blog, enero de 2009). Al no disgustarme en exceso (aunque he retocado alguna que otra palabra), he querido reflotarlo de las honduras abisales de los años pasados, ésas que van cultivando el olvido en los ayeres de un blog. Cierro el día. Portazo en la mirada y la noche de pronto; de repente, la oscuridad. Estamos frente a frente  bebiéndonos el vino de la na...

Aquel molesto objeto

  No merecieron nunca mucho aplauso. En realidad no merecieron ninguno. Fueron, como esas hierbas que asoman a veces por los bordillos de las aceras o entre las grietas de las calzadas, una tilde de vida que no acentuó pálpito alguno, un arañazo de luz que no supo herir ninguna oscuridad. Sin embargo, ahí están, enterradas, hundidas en el alma, sosteniendo la vida que me queda, el sueño que aún resiste, el amor que sigue inventándose con tesón, con voluntad empecinada. Como este “objeto molesto” de un noviembre de hace algunos años… ¡Viejas palabras de viejos atardeceres! Lo he puesto en un rincón de la mesa, detrás de los altavoces del ordenador, que, por cierto, no funcionan. Luego me he sentido inquieto: me distraía tenerlo tan cerca, no podía evitar mirarlo de cuando en cuando. Así que lo he guardado en el primer cajón de la otra mesa, la que queda a mi izquierda, la que parece, la que sigue pareciendo por mucho que me empeñe en lo contrario, una papelería entrópica. Y...

La sombra II

  Hay un chopo enfrente de mi ventana; y una fachada, cercana y alta, al otro lado de ese chopo. A esta hora, de noche presumible y próxima, su sombra en la pared alcanza la talla de la verdad que admira. Se le nota a la sombra que quiere ser su causa, que la intenta imitar, que le reprocha el robo de la luz, que crece resentida de su oscura dependencia… En otros momentos, se arrastra y se somete, pero, en esta hora del día, encuentra la alianza de un muro vertical y triste que sólo sirve para engatusar contraluces. Y ella acude a su socorro cada tarde, más o menos por mayo, para acrecer su ser precario durante unos minutos. A mí, no sé por qué, esta sombra me parece medio humana.  Hace catorce años de estas palabras (mayo 2008). La sombra sigue ahí, frente a mi ventana, insistiendo en la hazaña intrascendente de competir con la forma vanidosa de un chopo cuando por mayo es posible. Porque sólo entonces la tarde se lo consiente; el resto del año el sol se ausenta por ángulos ...

Recordando a Gutierre de Cetina

  Me lo dictó el Caballero Inactual allá por 2010. Lamentaba, como solía, su desubicación temporal; lo que, naturalmente, era lo mismo que no estar de acuerdo en casi nada con lo que al vivir hogaño se ha de estar. Según fue aumentando la vulgar ordinariez que le rodeaba, se sintió cada vez más incapaz de coexistir junto a ella. Y se murió de un trastorno degenerativo de la esperanza… en el tiempo, por supuesto. Léase, pues, este soneto por la elegancia de su atemporal recuerdo y la inelegancia de nuestra sucia vulgaridad. ¿por qué, si me miráis, miráis airados?   Gutierre de Cetina No se lleva, lo sé. Diría, incluso, que sin querer disgustas, que molestas; que te presumen tonto, necio, iluso; un patán trasnochado, un aguafiestas. Pero aún somos verdad. Somos y amamos de una forma irreal que nadie entiende. Estamos –por estar donde no estamos–  sin hoy, ayer, mañana siempre aquende, siempre aquí sin ahora... No se lleva este amor –ya lo sé–, sino ...

Un lugar indeseado

  Vivo en un mundo bárbaro donde es justo el que practica la injusticia, virtuoso el que domina el vicio, miserable el  que acostumbra actos ejemplares. Vivo en un lugar indigno. Un amargo lugar donde se oculta el sol cuando sus ciudadanos dicen que amanece; un planeta incomprensible donde la noche es luz, donde ver muy poco o no ver nada es gozar de una agudeza visual envidiable. Vivo en una tierra brutal en que se arrancan los ojos de quienes tienen la desgracia de ver más de lo debido; más de lo que dictan que es obligado ver sus leyes aberrantes. Vivo en un mercado de ideas rebajadas, de segunda mano; ideas que se venden por las calles... “¡A dos por una, y un porro de regalo!”  Vivo en un espacio unidimensional que, a pesar de ser orgánicamente inviable, no permite a nadie escapar de su indecible estupidez. Vivo aquí, donde vivir empieza a ser... el sueño de dejar de hacerlo. 17 mayo 2022

Soleares del silencio

Tanto hablar puede el silencio que cuando pasa estremece el corazón de los verbos. Porque es ciencia popular lo que dice sin decir callar con sólo mirar. Hay quien piensa que las flores no necesitan palabras: les basta con sus colores. O su perfume, tal vez, que es a lo que huele un niño a poco de amanecer. Porque el olor de la vida es la palabra del tiempo que calla la amanecida. Cuando hablar es no decir y no decir es querer. ¡Y no querer es morir! 12 de mayo de 2022

Amar

Un soneto ya sin mundo ni momento. Amar es entregarse al silogismo de un alma herida por sus sinrazones, andar de confusión en confusiones, querer salvar a un verbo de su abismo. Y no saber si uno es uno mismo o un extraño. Si quitas o si pones luz a la oscuridad. Si los rincones del corazón son flor de un espejismo. O, de repente, un día convencerte de que nada ya temes en la vida, de que ya no te importa ni la muerte, ni el dolor, ni la pena, ni la herida del alma, tan voraz de tan violenta, porque amar es morir sin darte cuenta. 3 mayo 2022

El alma de las fotografías

  Hay pueblos primitivos que se niegan a que les fotografíen porque piensan que se les roba el alma. El etnólogo y fotógrafo Guido Boggiani (1861 - 1901) quizá haya significado un dramático testimonio de ello. No obstante, hay que reconocer que, a pesar de todo, los pueblos primitivos no son tan primitivos como pensamos. A decir verdad, las fotografías, como casi todo lo que nos rodea, tienen alma. No estoy desbarrando, no estoy defendiendo una especie de neo-animismo, aunque reconozco que, en tiempos tan fecundos en parir doctrinas estúpidamente extravagantes, no es de extrañar que se sospeche tal cosa. Cuando digo alma , en casos como éste, me refiero a esa colección de detalles de nuestra vida que quedan emparentados con los objetos que la acompañan. Lo malo es que no reparamos en ellos; lo malo es cuánto perdemos de nosotros y del mundo por no hacerlo. Una fotografía es mucho más que la parmenídea paralización del tiempo para gozo o disgusto de la memoria. Una fotografía es un...

Soleares de la flor y el abismo

Un poemilla absolutamente inactual "El amor es una maravillosa flor, pero es necesario tener el valor de ir a buscarla al borde de un horrible precipicio. " Stendhal Fue a mediados de febrero, un día de vino y rosas que amaneció zalamero Coqueteaban los años con el deseo y la vida cuando pasaste a mi lado indiferente o mujer, que son dos formas distintas de ser lo mismo a la vez. Y al borde de un espejismo la flor de Stendhal quedó temblando sobre tu abismo. Desde entonces anda el alma arenando precipicios porque esa flor no se caiga. A mediados de febrero, un día de vino y rosas dejó el tiempo de ser tiempo. Porque el amor de verdad no es asunto de relojes, es cosa de eternidad. 19 abril 2022

Naturaleza, Historia y amorfia

  El ecologismo configura uno de los horizontes ideológicos más respetados en nuestros días. El cambio climático, el deterioro de los océanos, la destrucción de los bosques, las especies amenazadas… La Naturaleza, así con mayúscula, parece pues un objetivo prioritario de las mentalidades más progresistas en el mundo y también aquí, sobre esta tierra de nuestros quebrantos. Me llama sin embargo la atención que tan encomiable preocupación no vaya acompañada de la admiración educativa que debiera. Quiero decir que se quiere cuidar la vida del planeta sin que nos interese aprender nada de ella. Porque la Naturaleza es una narración ejemplar de la aparición, el desarrollo y la evolución de la vida. Goza de auténticos elementos didácticos: problema , ensayo de respuestas , selección entre éstas y conservación de la adecuada en la memoria genética. Y con esta primera mochila de aprendizajes, afrontamiento de un nuevo problema y repetición del proceso. Así sobrevive la criatura, así se ...

Enseñar Filosofía... ¿A quiénes?

  En los años que corren a veces se leen cosas que lo primero que nos parecen son bromas simpáticas. Por ejemplo, veo en El Confidencial, en una sección titulada El erizo y el zorro, el siguiente título: Enseñar Filosofía a los adolescentes no tiene ninguna lógica . Luego advierto con desolación que su autor, Ramón González Férriz, en absoluto estaba bromeando: iba en serio. Mi inquietud inmediata ha sido buscar las razones que justificaban tan contundente afirmación, porque así, a bote pronto, lo primero que me ha venido a la cabeza es que Aristóteles entró en la Academia de Platón, siendo un mozalbete de diecisiete primaveras y que cuando, tiempo después, fue requerido como preceptor de Alejandro, éste contaba trece añitos. Claro que, a continuación, se me ha llenado la memoria con los cuarenta y cuatro años de vida que dediqué a esta "maltratada" asignatura con alumnos que, sin trauma manifiesto, pasearon su adolescencia por ella con la misma atención, dedicación y compren...