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La rosa y el eterno retorno

                             ¡La eterna clepsidra de la existencia dará vueltas incesantemente, y tú con ella, polvo del polvo!                          F. Nietzsche (La Gaya Ciencia)                                       De pronto una luz nos confunde. Besa un jardín, una rosa. Descoloca un tiempo mal vivido…   Y se confiesa al resplandor la sombra que provoca.   Piensa la oscuridad, hace memoria de un entonces sin ser, ninguneado, confuso, disponible en otra historia; inesperadamente iluminado.   Un entonces que el alma no sabía y cree saber de pronto, sin paisaje ni calendario ni lugar ni día; un nunca de ontológico coraje...   Mientras, la luz eterna y sile...

La decepción inesperada

  Cuando uno se cansa de todo, lo mejor es dejar correr la pluma para bajar la presión del alma. Libre, suelta, sin rienda de argumentos, ni brida de razones. A su antojo por todo lo que ocurre o no llega a suceder; como un vilano de esos que soplábamos de niños para verlo arroparse con el viento y llegar donde no nos alcanzaba la vista. Cuando uno se cansa de la tierra que habita y de la gente que arroja la verdad por la borda de mezquinas intenciones; o detesta los días que pasan escupiendo a la Historia y las páginas falsas de luces sombrías, y los lobos que aúllan a lunas que no existen. Cuando uno se cansa de todo y, mire donde mire, sólo ve oscuridad... Oigo y leo a notables personalidades que discursean lamentando su decepción ante el inesperado (?) desmadre de botellones, gritos y borracheras que han sucedido tras el súbito final del estado de alarma. La verdad es que no puedo evitar la pregunta: ¿son tontos o simplemente se lo hacen?   ¿De verdad alguien podía espe...

Madrid, Madrid, Madrid...

Nací en Madrid. Hace ya mucho tiempo desde luego. Hijo de padres y nieto de abuelos, por ambas ramas, también de Madrid. Mi alumbramiento ocurrió en Chamberí y mi educación en “La Prospe” (el viejo y también castizo barrio de “La Prosperidad”). De esta cadena de sucesos intrascendentes (para el mundo, no para mí, claro está) se desprende que soy irremediablemente madrileño. Y lo cierto es que, de un tiempo a esta parte, siento casi la obligación de pedir perdón por ello. La verdad es que no sé por qué, pero es incontestable que, por gracia de unos políticos que parecen despreciarnos, cuando no somos culpables de ser verdugos, lo somos de ser víctimas. No son pocos los figurones de Comunidades que con los vaivenes de la pandemia han aprovechado para arremeter contra los madrileños (no ya contra su gobierno, sino contra sus ciudadanos) cerrándoles las mismas fronteras que babeaban por abrir a otros viajeros. Y no quiero decir que el cierre fuese o no loable exigencia sanitaria, sino que ...

Divinas palabras

Sin ánimo de ofender y con terapéutica cortesía, no tengo más remedio que reconocer la aparición de un trastorno, de rasgos inquietantemente neuróticos, entre algunos hablantes de nuestra lengua. Como bien es sabido, la neurosis es una afección leve que se caracteriza por la respuesta indebida y desmesurada a estímulos inocuos. Yo, por ejemplo, no soporto ver un botón encima de una mesa. Reconozco que es una estupidez, aunque por fortuna mi neurosis es enteramente inocente: no perjudica a nadie ni se traduce en ningún tipo de obsesión didáctica hacia los demás; quiero decir   que ni por lo más remoto se me ocurre pretender aleccionar a nadie sobre la idiota peligrosidad de los botones abandonados en las mesas. Pero cuando no se da esta adversativa fortuna, la gravedad del síndrome preocupa. A mí por lo menos. Es el caso que, de un tiempo a esta parte, se han encontrado pacientes que, al hablar castellano (particularmente castellano, sí; especialmente esta maravillosa lengua), hál...

La puerta de la casa

  Me sentaré otra vez delante de la casa, a la puerta del alma en los barrios del mundo. Transcurrirán las sombras por sus horas, los meses por sus años. Vendrán días lluviosos y fríos. Vendrán inviernos y vendrán veranos. Y otoños y primaveras luminosas. Repetiré virtuosas palabras en voz alta sin que nadie se detenga a pensar quién ni por qué las dijo. Veré cruzar los astros. Veré a los gorriones correr dando saltitos, picoteando aquí y allá. Veré llorar, reír, amar, temer... Veré pasar, pasar, pasar… Me sentaré otra vez delante de la casa, extrañado como siempre, pero un poco más viejo, más solo, más acostumbrado a la desesperanza. Porque, al cabo, veré pasar de nuevo sus derrotas. Y no sentiré nada, ni alegría ni pena ni tristeza. Acaso un poco de piedad o algo de confusión por lo que hicieron... Acaso un enorme dolor por habitar la muerte.         Marzo 2004

Una delicia...

  Es una delicia. En general, el mundo siempre ha tenido personajes pintorescos. Pero hay tiempos y espacios en los que parece cebarse el azar de su conjunción. Nuestra tierra es fecunda en ellos. En este sentido, creo que es justo reconocer la espectacular brillantez que lustra nuestros días. La intriga, la improvisación, la mímica, la ficción, el estereotipo, la explotación del tópico… Son rasgos inseparables de este pintoresquismo nuestro, tan racial, tan sin autor que, no obstante la tilde de vulgaridad que suele empobrecer su palabra, merecería figurar como un renacimiento de la antigua Comedia del Arte. Cierto que a veces provoca indignación, pero no menos cierto es que otras invita a la sana y liberadora carcajada con que, mal que bien, podemos atenuar los dolores y males, presentes y por venir, de la maldita pandemia. En nuestros Parlamentos hay grandes histriones y entre nuestros histriones hay grandes parlamentarios (lo que corrobora mi consideración anterior de que el ac...

Palabras por las palabras

  No las busca uno. No es verdad, aunque así se piense. Son ellas por lo general las que te eligen. En un primer momento, cuando los años se cuentan por distracciones, es cierto que se reservan, que se guardan como cromos intercambiables entre las páginas de los libros. Pero después se absorben, se extienden sobre uno como un manto de sal para impedir que el alma se deshidrate. Se convierten, al cabo, en una retícula inmensa que filtra las soledades en sus noches, que arropa las esperanzas con sus días. Siempre están ahí, al alcance de la mano del silencio. Su lealtad encuadernada resiste los embates más crueles, las advertencias más adversas, la desolación más intratable. Nacieron para cultivar la verdad y la belleza y nos eligieron para que las amáramos. Sin ellas no es posible nada. La pobreza es perderlas por desamor en su trato; la miseria, no haberlas descubierto nunca. Merecerían ser mujeres porque si nos faltaran, no habría humanidad ni tiempo digno, pero se conforman con...

Campanadas y soledades

  Se fue con un sabor amargo entre los labios. Se fue sin palabras ni besos. Se fue   con un inexplicable alejamiento de todo lo que era. Sin los suyos, sin el humilde plural de los que amaba. Confuso, abandonado, inerme… Se fue como los otros, los muchos que advirtió la última vez que pudo abrir los ojos, los convocados por un maldito azar de diabólicos puñales que reventaba los pulmones e implacablemente los asfixiaba. Murió como murieron todos, cercado por la soledad y a traición de los relojes con los que aún creía que podía contar. Le quedan pocas horas a este año maldito, este año que arrinconó nuestras razones contra nuestro desconcierto y nos puso cara a cara con la muerte en su dimensión más amarga. Porque morir no es lo peor que puede pasarnos, lo peor es la forma de morirnos. La soledad, la lejanía, el apartamiento de quienes quieres, de quienes más quieres, de tus hijos, de tus nietos; la negación de una última palabra, de un beso, de una caricia; la insufrible c...

El príncipe y el monstruo

  “Entra rápidamente Calígula. CALÍGULA.- Perdonad, pero los asuntos de Estado son urgentes. ( Al Intendente ) Intendente, harás cerrar los graneros públicos. Acabo de firmar el decreto. Lo encontrarás en la cámara. EL INTENDENTE.- Pero... CALÍGULA.- Mañana habrá hambre. EL INTENDENTE.- Pero el pueblo va a protestar. CALÍGULA ( con fuerza y precisión ).- Digo que habrá hambre mañana. Todo el mundo conoce el hambre, es una calamidad. Mañana habrá calamidad... y detendré la calamidad cuando me plazca…”   El fragmento pertenece al Acto II de Calígula, la inolvidable pieza teatral de Camus. Cayo César, como también se le llamaba, es uno de los emperadores romanos en que la arbitrariedad del poder alcanza los niveles más inimaginables. Suetonio, en Vida de los doce césares, hace una pormenorizada exposición de los actos terribles de este Calígula al que llama “monstruo”. Previamente, sin embargo, ha referido el mismo historiador las acciones del Calígula “príncipe” q...

Entre la posverdad y la preverdad

  Veritas? Quid est veritas? Se preguntaba escéptico o irónico Pilatos en su inesperado encuentro con la Trascendencia…   Nosotros ya no nos hacemos preguntas de ese calado, ni siquiera escéptica o irónicamente. Tal vez porque la Trascendencia ha perdido el interés por nuestra insignificancia o quizá porque hemos adulterado tanto la verdad que somos incapaces de curiosear en sus profundidades. Por lo pronto, de un tiempo a esta parte, la hemos escoltado de compañeras bastardas, muy poco recomendables y aventajadas discípulas del confusionismo y la mentira. Primero fue la posverdad que llegó a adquirir galones semánticos y pudo figurar en el diccionario de la RAE. Por ahí anda ahora una callejera ─todavía─ y no menos repugnante preverdad haciendo méritos para colonizar nuestro vocabulario y, lo que es peor, nuestro pensamiento. De la primera, ya sabemos que, como dice el DRAE, es deliberada distorsión de realidades y manipulación de creencias, esto es, magisterio de demago...

El imperativo categórico, la pandemia y la lejanía moral

  La formulación, en mi opinión más elegante, del imperativo categóríco kantiano aparece en la Fundamentación de la Metafísica de las costumbres y dice así: obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio. No creo yo que un acto que merezca el aplauso de la recta moralidad pueda apartarse ni un ápice de esa idea de la humanidad como fin   único del mismo. Y no se trata de moralinas o buenismos ortopédicos, esos artificios morales que tantos se calzan para caminar por encima de la basura que ellos mismos unas veces provocan, otras consienten y las más instrumentalizan para sus impresentables ambiciones. Por otra parte, cualquier concepción del ser humano pensada con mayúsculas (soy consciente de que en estos días hay punteras personalidades a las que esto les resulta imposible) es moralmente incompatible con las ideas de medio o instrumento, es decir, con su cosificació...

Delirios decadentes de un viejo platónico

Un día te levantas y descubres que el alma cojea, que apoya el pie sutil en un vacío y pierde el equilibrio porque no encuentra el cuerpo donde habita. Y se tropieza. Y cae entre los muebles de siempre, que siguen donde siempre con esa parmenídea vocación de ser refugio de las sombras. Porque las sombras se quedan pegadas a las cosas, no se mueven jamás de donde estaban, no acumulan paisajes ni aventuras nuevos; ni sucesos comunes o infrecuentes, distintos de sí mismos. Son sólo testimonio imperturbable de un ayer irreal en el que fuimos –quién sabe– un poco más felices de lo que hoy nos pensamos.   Un día, mientras el alma va dando tumbos entre las cosas, que son como el disco duro de nuestras vidas, te das cuenta de que el cuerpo no está ya donde ayer lo dejaste, que en su lugar hay una caricatura tuya, ajada y derrumbada, sin brillo ni vigor, sin carnal entusiasmo. Una carcasa estrecha o ancha que se ajusta en modo horrible a las ideas que de ti te quedan. Algunos se rebelan e...

Bajorrelieves del silencio

De un tiempo a esta parte tengo ganas de muy pocas cosas. O de cosas muy simples, de cosas muy-poca-cosa . Cosas que no he advertido casi, que fueron y, tal vez, no me di cuenta.   Tonterías quizá; humildes alegrías o modestas tristezas. Sonidos que vibraron en lejanos rincones un día que no sé cómo pudo enterrarse en tanto olvido.   De un tiempo a esta parte me cansan las palabras, las errantes palabras que van de boca en boca y dejan mal aliento. Y embrutecen audiencias y trafican con sueños inocentes que venden luego al diablo.   Me apetece hablar conmigo sin embargo. A solas, claro está, a solas y apartado; no a voces con el mundo, rodeado de gente.   Me apetece leer los jeroglíficos de los bajorrelieves del silencio y estudiar la arqueología de las almas, la ruina de sus triunfos y sus glorias, de un tiempo a esta parte mientras todo es lo mismo: lo que pasa y me cuentan, lo que es y detesto; la falaz correcció...

El pequeño plural

  Qué rara sensación   vivir tan cerca de dejar de vivir y no importarme, ni querer apremiarlo o entorpecerlo, ni desear que ocurra o que se impida. Qué raro así vivir, con todo ya camino de su nunca, sin mi gente, que ya sólo en los álbumes habita, sin las calles aquellas, sin aquellas palabras que ordenaban el destino y las horas amables... Ya no acampan los sueños en mis noches, ni en mis días las vigilias fabulan horizontes. Todo parece ya que está cumplido, que no hay después que aliente al viejo ahora ni hazaña que cumplir. No queda tiempo. Qué rara sensación seguir paseando con esta indiferencia por las calles que fueron de mi gente, repitiendo   los verbos que aprendiera de sus labios, sin importarme ya que nada sea o deje ya de ser… Y, sin embargo, aborrecer tener que así perderos, mi   pequeño plural, que aún tanto amo.   30 agosto 2020     Foto original de Alex Carrillo

La tristeza avergonzada

  De las muchas tristezas que hasta ahora han traído estos pandémicos meses, no es la menor para mí la invocación a los “chamanes de la tribu” (léase influencer ) con que se pretende concienciar a los más jóvenes ante su presunta indiferencia por nuestros presentes males. Lo he visto y oído hacerse y decirse, con total impunidad y sin ningún pudor, a altos cargos, a medianos cargos, a portavoces de unos y otros, a colaboradores psicologizados y psicólogos “colaborizados”, a presentadores de telediarios, etc., etc. Todos remitiéndose a los datos sobre el significativo descenso en la edad promedio de los contagios. Treinta y ocho años son las últimas cifras al respecto, y se arguye que seguirán bajando. La avergonzada tristeza surge porque la hipótesis que ampara el recurso a esas personas, de tan granada influencia, es que a los más jóvenes no les ha llegado el mensaje con claridad ni han entendido el drama terrible de las cuarenta mil muertes habidas entre la soledad más cruel y la...

La admiración y el desprecio

  …el doctor Rieux decidió redactar la narración que aquí termina, por no ser de los que se callan, para testimoniar en favor de los apestados, para dejar por lo menos un recuerdo de la injusticia y de la violencia que les había sido hecha y para decir simplemente algo que se aprende en medio de las plagas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio . Es un final optimista. Esperanzador, al menos. Aparece en la última página de La peste. Durante nuestro confinamiento pasado circuló por las redes otra cita, falsamente atribuida a Camus y a la misma obra, que decía, precisamente, todo lo contrario: Lo peor de la peste no es que mata los cuerpos, sino que desnuda las almas y ese espectáculo suele ser horroroso. Lo gracioso del caso es que, en aquellos momentos, el texto que debería haber circulado es el que recojo primero; porque entonces, en aquellos días de silencio y melancolía por las calles, había gente, ancianos sobre todo, muriéndose a borbotones ...

Recordando "Mística Coslada"

Hoy he estado haciendo pruebas para ver si controlaba aún la subida de vídeos y de audios. No tiene esto pues mayor importancia, menos aún si consideramos el natural escenario de vanos y ausencias. Se trata de un soneto perteneciente a la etiqueta En Coslada del año 2009.

Mirando el cielo

Mira el cielo una noche como ésta. Resta a su luminosa cicatriz la oscuridad y cuenta las estrellas hasta el agotamiento de los números. Invéntate un cometa o un sueño extraño que pueda proceder de cualquier parte que esté de ti muy lejos, de tan lejos que traiga en su equipaje dulces cartas de mundos que no existen, de paisajes que sólo el corazón visita a veces porque reina la paz sobre su nada. No pienses en los días que sufriste el cuchillo que vino por la espalda, ni en los horas de amor que te robaron enemigos oscuros; ni en la ira…   Mira el cielo una noche como ésta negra y brillante en luz cicatrizada, como si fuera el último homenaje de la vida a tus ojos, de los sueños al loco laberinto de tus lágrimas.   Julio 2020

De la crítica al desprecio

A Isabel la Católica, a Colón, a fray Junípero y a cuantos por sus obras no merecen el aprecio de los corazones más mezquinos.   El verbo criticar es verbo de bicéfala semántica que en su uso más cotidiano ha dejado gravemente ninguneado uno de sus sentidos. Consiste el perjudicado, que es por cierto el primero en el DRAE, en analizar pormenorizadamente algo y valorarlo según los criterios propios de la materia de que se trate ; mientras el otro, el acaparador del sentido para el común de la gente, en hablar mal de alguien o de algo, o señalar un defecto o una tacha suyos . Es evidente que el primero connota mayor esfuerzo que el segundo porque eso de analizar cuidadosamente algo y valorarlo, con arreglo a los criterios que le correspondan,   exige mucho más de nosotros que hablar mal de lo que sea o insultar a quien nos apetezca, que es la versión hiperbólica del otro uso. No obstante, el problema no es ya que se ningunee el primero en favor del segundo, sino que éste a ...

La sonrisa

A mi nieta Irene Tendría que indagar qué geometrías avalan tan perfecta curvatura, qué ecuación de belleza y de ternura la explica entre infantiles alegrías, y ponerme a estudiar filosofías en tu carita sonriente y pura, y no las que nos llenan de amargura con la edad los trabajos y los días. Ya sé que aún no me entiendes. Lo que escribo cruza por tu inocencia entre rumores que no sabes que están en verbo vivo. Ríe siempre como hoy y nunca llores. Nunca tu seriedad; te lo prohíbo… Esa risa es de Dios, aunque lo ignores. 27 junio 2020